Se me había escapado este libro de Francisco Villar de 2014.

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Indoeuropeos, íberos, vascos, y sus parientes

Cada vez me gusta más Villar. Usa mucho mas los datos que las piruetas; no parece tener “convicciones”; sino hipótesis que adapta a los datos según salen; y está radicalmente predispuesto a admitir lo delicado y relativo de la lingüística histórica. Suelen ser las características del sabio.

Habíamos hablado de su anterior libro –Vascos, celtas e indoeuropeos. Genes y lenguas. (Francisco Villar 2005)– en esta entrada:

En el que comento hoy sigue avanzando con su “arqueología toponímica”, y atento a lo que sale de la genética. Pero no referido a Vasquilandia sino a un contexto muy general. Sirva esta imagen de ejemplo:

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Voy a hacer un resumen muy corto, con una abstracción completa de todos los detalles técnicos. Sirve para saber lo que va pensando. El que quiera averiguar cómo llega a ello (y es lo importante) tendrá que leer el libro. Son 10 eurillos en el enlace de arriba. ¡Bien gastados!

El primer estrato lingüístico que ve a través de la toponimia es de tipo indoeuropeo (que llama arqueo indoeuropeo). En el Mesolítico, de poblaciones refugiadas de la última glaciación en las penínsulas del sur de Europa, que con el retroceso del hielo (hace 11.700 años) se van extendiendo de sur a norte. Pero que ya produce poblaciones estables junto a río y lagos de cierta entidad. No todos son cazadores nómadas.

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Tampoco asegura que todas las lenguas del refugio de la península fueran de familia arqueo indoeuropea. Se limita a decir que si las había ajenas a lo indeuropeo, cosa bien posible, no ha podido hallar rastros de ello.

Las familias de lenguas indoeuropeas no las ve llegadas en una oleada única, sino sucesivas; y muy distantes en el tiempo. La siguiente al arqueo indoeuropeo traería el Neolítico, con su agricultura y ganadería. Hace unos 7.000 años. La última en España, y pre-romana, sería en la Edad del Bronce. Con los idiomas celtas, sociedades mas estratificadas, y poblaciones defensivas en lugares altos. Entre hace 5.000 y  2.300 años. El traslado de todas ellas sería de este a oeste, y se apunta a la tesis desde Anatolia.

Respecto al vascuence (vaya, sus antecesores), ahora no duda de una  familia vasco-íbera. Que habría llegado como un “sandwich” entre la oleada neolítica y la celta. Después de la neolítica  y antes de la celta. No se atreve a precisar más con los datos toponímicos y genéticos que hay de momento. O sea, entre hace 7.000 años y hace 2.300. También en una expansión de este a oeste.

Pero si fuera la fecha antigua hubiera entrado con el neolítico mediterráneo, y lo habría hecho asociado a la cultura de la cerámica cardial. Que no existe ni en Vasquilandia ni en Aquitania.  Esa familia vasco-íbera se  separaría mucho después de llegar a la península, para dar lo propiamente íbero y lo antecesor del vascuence. Y la rama proto-eusquérica, ya sin cerámica cardial, viajaría hacia Aquitania primero, en época prerromana. Y de ahí hacia Vasquilandia, empezando en época romana, y finalizando en época ya medieval. Las flechas azules del mapa.

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(Imagen Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Cardium_pottery)

En una expansión como la de ese mapa, ni los expandidos tienen que ser un grupo homogéneo, ni tienen por qué ir juntitos de la mano. Lo que quiera que impulsara a unos anatolios a probar fortuna en el oeste, normalmente supondría la misma tentación para otros vecinos de la zona.

Pero para Villar pudo ser en cualquier momento posterior, hasta justo antes de los celtas. Eso, a la península. En todo caso, a Vasquilandia hubieran llegado los celtas (y otros indoeuropeos previamente) mucho antes que los wascones — ya separados del tronco de la familia vasco-íbera. Como vimos en su libro anterior.

Al parecer Villar, al que no le cuesta nada cambiar de opinión según avanzan los datos, ha pasado de ser muy contrario al vasco-iberismo, a ser partidario en una forma más o menos laxa. En el sentido de la misma familia, pero muy separada en el tiempo. Y no una heredera de la otra, sino ambas con un antecesor común, relativamente lejano. En Wikipedia hay una actualización decente sobre el vasco-iberismo, en el apartado que titula Siglo XXI.

Joé, parece de sentido común. Villar apunta a que el vasco-iberismo ha cometido muchos excesos, en el sentido de intentar traducciones directas y cosas así. Que no se pueden hacer, ni de broma. Pero dice que con los descubrimientos recientes no se puede negar el parentesco, así sea remoto, ni adjudicar los elementos comunes a “préstamos”. Y explica que en absoluto hay mayor justificación para hablar de “familia indoeuropea” que la que hay para hablar de “familia vasco-ibera”. Pues bién, en esa condiciones, no vas a pensar que las únicas lenguas históricas no indoeuropeas de la península, que son de familia común y sin parientes conocidos, una viene del Levante en época reciente, y la otra está en los Pirineos “desde siempre”. ¿Lo común lo desarrollaron por telepatía, si es cierto que el préstamo no está justificado? Fuera de la política no puedes pensar cosas como esa. Y los políticos nos la sudan.

Para hacer del vascuence un “misterio”, y separar ese “misterio” del íbero -que sería un “no-misterio”- parece que hay que hacer una gimansia mucho más enérgica de lo que recomienda la prudencia. Ahora están con el problema de los numerales. Y podemos ver la evolución de Orduña al respecto:

Conviene añadir, para completar la colección:

Resumiendo. Una tesis adaptada a los datos. No necesariamente cierta, pero ciertamente verosímil. Y sobre todo, sin las fantasías habituales que parecen inevitables cuando del vasquirrollo se trata.

Un ejemplo:

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Menos lobos, Caperucita.

Añadido: Ya que nos hemos enrollado con la coincidencia de numerales ibéricos y vascónicos, ponemos el cuadro comparativo. Nota: no se trata sólo de haber encontrado esas concordancias en textos en los que se pueden esperar numerales,  como los cobres de transacciones comerciales, sino que coinciden también las combinaciones para formar cifras complejas (ver 24 y 30 en el cuadro). Y la frecuencia con que aparecen los elementos para formar números mayores (10 – abar, 20- orkei).

numerales-ibericos-vascos

No es una tesis solamente verosímil y elegante, sino que tiene una capacidad predictiva tan exigente como se pueda desear. Así que, de ser cierta, resultará indiscutible con el tiempo. O será rechazada en caso contrario. Pero con datos, no con fantasías.

Añadido para Octavià (pantallazo del libro de Villar):

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