El País saca hoy un estudio de Manuel Montero a cuenta de la sobre-representación de los apellidos “eusquéricos” por parte de los partidos nacionatas. Clic.

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La historia es conocida. Había un perturbado llamado Sabino Arana que inventó una nación y una raza. Que distinguía, no por la pinta (es jodido), sino por los apellidos. Reunió a un grupo de payasos amargados, y con esos mimbres creó el nacionalismo vasco.

Con el tiempo el cuento fue cambiando. Adaptándose. Porque un tal Adolf Hitler, no menos perturbado, consiguió que las ideologías basadas en razas sufrieran un desprestigio muy grande. Y no es que los nacionatas vascos tuvieran nada en contra de Adolf, pero sí lo tenían en contra del desprestigio. Así que dejaron atrás razas y apellidos, y los cambiaron por el nebuloso concepto de “etnia”, y una lengua vernácula, marginal y ágrafa.

Esto es lo que se dice. Pero lo que mide Manuel Montero establece que no es cierto. Ni de broma han dejado atrás la chorrada de los apellidos.

El estudio:

El nacionalismo define lo vasco por la identidad cultural, no por el origen autóctono. Sin embargo, en su práctica política se encuentran criterios étnicos. Sus representantes en los ayuntamientos, parlamentos o gobierno presentan una peculiaridad: las personas con apellidos vascos tienen una presencia relativamente mayor que en la sociedad. Este artículo estudia estos desequilibrios. Analiza la estructura demográfica del País Vasco según los grupos de apellidos. La compara con la que desde ese punto de vista presentan las representaciones políticas.

Entiéndase lo de “presencia relativamente mayor”. Espero dejar claro con los siguientes dibujitos que se trata de una presencia escandalosamente mayor. Los datos son del estudio de Montero, menos los del Parlamento Vasco que son de su web.

El más fácil y claro probablemente es este. En azul, el número de apellidos “eusquéricos” que tiene la población de Vasquilandia, en términos porcentuales, sumando los dos primeros apellidos de cada uno. En rojo, lo mismo para los junteros de los partidos separatas en las Juntas Generales de las tres provincias. Y en verde, los de los partidos que venimos en llamar constitucionalistas.

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Los partidos constitucionalistas llevan a las JJGG una representación cuyos apellidos tienen una “eusquericidad” que se corresponde muy bien con la de la población. Casi calcada. Vaya, como si no miraran los apellidos. Los partidos aranistas, en cambio, son exactamente igual que cuando vivía el tal Sabino. Notable chiflado colgado de los apellidos. Colgadísimo. Andaba con “apellidómetro” por la calle, asustando a la gente.

¿Será un caso especial el de las juntas generales? ¿Será un churro? Por eso he probado lo mismo con el Parlamento Vasco. Y queda tal cual. No era ningún chorro.

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Montero lo hace más complicado, pero no creo que merezca la pena. Dividiendo la población entre “dos apellidos eusquéricos”; “un apellido eusquérico” que llama “mixtos”, y “ningún apellido eusquérico”. Siempre entre los dos primeros.

En todo caso dejo el dibujito, que es más bonito que el suyo. Él sólo compara nacionatas / población general.

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En fin, esto es lo que hay en un lado del tablero. Aranismo fetén, del de antes de Adolf. Y puede tener morbo apostar si Potemos y Pablemos, que le va a quitar muchos votos Bildu, saldrá del lado aranista o del lado general de la fractura vasca. Pero midiendo por los hechos, como aquí; no por las palabras.

Advertencia: Cuando oigas a otro tronado aranista decir que los que no son nacionalistas son “antivascos”, le enseñas estos números. A ver quién es anti quién, y a ver quién se deja a buena parte de la basca sin representar. Para no importarles los apellidos, los seleccionan con un cuidado que produce admiración. O estupor.

Añadido para los comentarios. Vasquilandia, los nombres de la cosa.

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