Está guapa la cosa, señor. Parece un instituto de adolescentes. Marisa no se ajunta con David, pero este no se ajunta con Pablito ni con Teresa. Etcétera. Es fácil perder la pista de las manías, de tantas que son. Por eso hemos preparado una guía.

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Pero del mero listado se deducen algunos factores cuantitativos. Aunque toda la chiquillería es muy maniática, no lo es en el mismo grado. La criba ha de empezar por los más neuróticos. En una primera pasada, sería aconsejable descartar a los de más de tres fobias. Por maniáticos desenfrenados. Y quedaría así:

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Habríamos pasado … ¡de 18 manías a sólo tres!

Esto empieza a parecer manejable. Salvo que dos de las manías son excesivamente amplias. Imaginemos, soñemos, que alguien envenene a sólo dos personas entre más de cuarenta millones que viven en el país. Y no miro a nadie, ni a ninguna cuesta de perdices.  El cambio sería el siguiente:

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Total, señor, hablamos de dos asesinatos de nada a cambio de que el chiringuito no se vaya a tomar rasca. Mayoría absoluta. Y sobrada; porque cortada la cabeza, los seguidores se apuntan al nuevo que mande en el partido. De mil amores. Sólo aman a quien okupe el sillón del sátrapa, independientemente de cómo se llame. La fulanitis sólo afecta al fulano. Muerto el perro, muerta la rabia.

Queda el detalle borde de la presidencia. Pero así será mucho más fácil, porque no hay nadie al que se le quite el biberón y se pille una pataleta. Para eso estarían los dos bebés en la tumba, precisamente. Y si hace falta, se les pide a los nuevos un presidente a punta de florete. O mazmorras sin comida ni agua, y no salís de aquí si no es con un presidente apuntado en este papelito, y firmado por los tres.

Dios guarde muchos años a Su Majestad.

Atentamente, Maquiavelo.