Según avisa [–>] en su blog la especialista del Ártico, dra. Susan Crockord, acaban de publicar un estudio interesantísimo sobre la relación entre el clima (los “cambios climáticos”) y la ecología del Ártico. En la revista Arktos, The Journal of Arctic Geosciences.

Gratis, fácil de leer, y muy recomendable. Revisa los estudios más recientes de paleoclimatología, de biología molecular, y registros fósiles en sedimentos marinos de altas latitudes. Para poder responder a la pregunta de si los cambios climáticos producen un pérdida de biodiversidad de gran escala en el Ártico.

Afecta de pleno, probablemente sin pretenderlo, a la imagen publicitaria favorita del cuento del Calentamiento Global Acojonante. El oso polar que se queda sin hielo, y por tanto va a desaparecer.

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La falsa imagen de arriba, un montaje publicitario “photoshopeado” en el que añadieron el oso al témpano, salió en la revista Science como si fuera real [–>]. Lo que dio carta de naturaleza a la existencia de una nueve especie de plantígrado: el Ursus timus.

La conclusión que más nos interesa respecto al cuento del “cambio climático”:

El registro estratigráfico del último millón y medio de años indica que no hubo eventos de extinción a pesar de tener oscilaciones climáticas de primer orden.

Ninguna broma esas oscilaciones climáticas. Incluye el paso de un mar Ártico sin hielo en verano (antes de 1,5 Ma), a una cubierta helada permanente,  y una reducción casi total de vida en el Ártico, con las especies desplazándose al sur. Para pasar después (hace 450.000 años) a una cubierta de hielo muy reducida en verano en los interglaciares, y desaparecida por completo en algunos de ellos.

Durante los cambios climáticos orbitales de los últimos cientos de miles de años, los períodos interglaciares se caracterizaron por una cubierta de hielo permanente, y a veces desaparecida en verano, habitada por ecosistemas similares a los del Holoceno pre-industrial. Algunas especies que se suponen dependientes del hielo de verano (por ejemplo los osos polares) sobrevivieron estos períodos. En contraste, durante los períodos glaciales, un mar Ártico mucho mas pequeño, y con los continentes adyacentes con una gran capa de hielo, y la banquisa de hielo muy espeso, hicieron inhabitables muchas regiones para la mayor parte de las especies que las habitan  hoy. A pasear de la escala, la frecuencia y la velocidad de los cambios climáticos del Cuaternario, los ecosistemas marinos del Ártico asociados con el hielo fueron extraordinariamente resistentes, adaptándose a través de la expansión geográfica en el Ártico durante períodos cálidos, y hacia el sur a regiones extra-árticas durante los períodos glaciales.

Y mas de lo mismo:

En regiones costeras alrededor de Alaska, los registros fósiles apoyan los datos de biología molecular, mostrando que durante el Último Máximo Gacial los osos polares y las focas oceladas (Pusa híspida) se desplazaron tan a sur como el golfo de Alaska, considerablemente más al sur que su hábitat actual. En el caso de períodos interglaciares sin hielo de verano, la presencia de hielo de invierno, la habilidad de los osos para ayunar en verano, la capacidad de las focas para usar áreas terrestres en ausencia de hielo,  y la disponibilidad de nuevas especies de presa que acceden al Ártico, les pudieron haber permitido la supervivencia durante los períodos cálidos. Las morsas tienen también un extenso registro glacial – interglacial, incluyendo presencia en el valle del río Hudson, y en la plataforma continental de Nueva York y Nueva Jersey, datadas hacia 10,6 – 11,2 miles de años AC.

El mensaje no puede ser más claro. Nos anuncian la próxima desaparición del hielo de verano en el Ártico, como si anunciaran el fin del mundo. O al menos, el fin del mundo para los osos polares, las focas, y las morsas. Pero un Ártico sin hielo en verano no es ninguna novedad en las escalas de tiempo relevantes para ese tipo de especies. Ya lo han conocido, y superado (¿disfrutado?) sin problemas.

Menos lobos, Caperucita.

Fuente, Susan Crockford: