Hoy, Ignacio Camacho describe los hechos que expresan lo que él llama “el marasmo catalán”. Pero creo que hay que sumergirse en el análisis de la psicología colectiva para detectar las raíces de la patología política que dificulta o imposibilita el arraigo y consolidación de la democracia en Cataluña.
Patología consistente en una esquizofrenia delirante y paranoica producida por los rápidos cambios de dos siglos de modernización acelerada del país, que han quebrado la salud política del pueblo catalán:
Un pueblo ilustrado, abierto, dialogante, pacífico y tolerante que, sin embargo, no ha asimilado políticamente el pluralismo étnico derivado del cambio de la sociedad catalana.
En efecto, frente a la transformación ha reaccionado con miedo, xenofobia y fundamentalismo étnico y cultural, primero intentando asimilar a los inmigrantes “murcianus” y “charnegos” en las pautas y códigos idiomàticos y culturales de su pequeña burguesìa “botiguera”, menestrales y “pageses”, bajo el control de la burguesía de la primera industrialización. Luego, a partir de los años sesenta del siglo XX, luchando contra el proceso de asimilación desbordado por la intensidad del cambio y la escasez de recursos políticos derivada de la dictadura franquista. Finalmente, con la democracia, el régimen que se pensó que permitiría la asimilación mediante el autogobierno, la “normalización lingüística” y la hegemonía nacionalista, la realización de los objetivos etnicistas se ha venido abajo: el Estado de Derecho, la pertenencia a un Estado nacional, la corrupción clientelar propia del nacionalismo y el sistema político, el pluralismo étnico indomable de la sociedad catalana, y la incoherencia y asincronicidad del etnicismo con la lógica democrática, han conducido al callejón sin salida del “procés” independentista. Un proceso delirante hacia el objetivo mítico y anacrónico de la independencia de una etnia, abducida por la mayor parte de sus élites hacia un objetivo letal para la situación actual de integración española y europea, y para la convivencia normalizada de la propia sociedad catalana.
Por eso, el fundamentalismo ha tocado techo, la corrupción derivada del descontrol ha tocado techo, la economìa ha tocado suelo, y el sistema político se ha descoyuntado y transformado en un manicomio liderado por los más locos del país, que ni siquiera entre ellos consiguen ponerse de acuerdo.
Y lo peor es que, si lo consiguieran, nos conducirían a una situación catastrófica de mayor caos económico y parálisis, incremento de la violencia y ruptura definitiva de la sociedad.
Esta es la perspectiva de análisis que uno aporta, como politólogo residente en Cataluña desde hace ya cuarenta y cinco años, que ha formado una familia “barrexada”, integrada por autóctonos e inmigrantes, y que es consciente de que el nacionalismo étnico imperante en Cataluña no ha sido contrarrestado ni frenado a tiempo. No ha sido bloqueado y vencido con una labor cultural y un trabajo político que lo hubiera sustituido por la lógica democrática, moderna y europeísta, derrotándolo a tiempo y sin tantos riesgos como los que se están produciendo ahora.
Creo que el etnicismo ha de ser vencido con firmeza y coherencia democrática, pero siempre aparecen oportunistas y demagogos que bloquean este objetivo: primero lo han hecho los demagogos “antifranquistas” , luego los cretinos buenistas, y ahora los demagogos populistas.
Frente a todos ellos es precisa la emergencia de un liderazgo que unifique y responda con firmeza en representación de la mayoría de la sociedad catalana, con madurez democrática, “seny” y pleno conocimiento de la psicosis política de un sector importante del pueblo de Cataluña.

Vean lo que dice Camacho del “marasmo catalán”:

EL MARASMO CATALÁN

IGNACIO CAMACHO, ‘ABC (1ª Edición)’ – 2016-01-04