El problema es obvio, por mucho que traten de ocultarlo. Si crees que el hombre está afectando al clima, que es una hipótesis más que verosímil, y quieres saber si eso representa un problema, no te queda más remedio que medir ese efecto. Si el clima fuera constante sin esa intervención humana, el problema sería relativamente muy fácil. Todo “cambio climático” sería antropogénico. Eso es lo que intentó Michael Mann, famoso falso premio Nobel, con su “palo de hockey”.

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Las trampas de Mann quedaron desacreditadas, y la visión más reciente es como esta. Son dos mil años en vez de mil, pero es fácil comparar.

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Las dos se refieren al hemiserio norte. Y las dos son con “proxys”, más o menos parecidos, que seguramente disminuyen mucho la variabilidad real. Pero aun así lo que muestra Ljungqvist es lo que se ha sabido siempre: que el clima cambia, también en una escala global. O al menos hemisférica.

EL problema es que no pueden hacer un laboratorio que represente la tierra, y mirar cómo varía el sistema naturalmente y artificialmente. Y lo intentan con unos modelos climáticos.  Pero sin conocer cómo funciona el sistema. Si lo supieran, los modelos acertarían. Y van de culo.

Respuesta: Van de culo porque ha pasado poco tiempo. Los modelos no pueden acertar la variabilidad natural en la escala de décadas (y sólo llevan década y media de predicción), porque es caótica e imprevisible. Pero esa variabilidad en la escala de pocas décadas se promedia, y los modelos sí aciertan en la tendencia de un siglo.

¿Puede ser? Sí, por poder, puede ser. Cuando no conoces un sistema, cualquier cosa puede ser. Pero los conocimientos del clima del pasado (como el gráfico de Ljungqvist) apuntan a que el clima varía también en la escala de siglos. Y si no puedes meter eso en el modelo, porque no sabes cómo funciona, no puedes saber qué parte del pequeño calentamiento de final del siglo pasado es “antropogénica”, y qué parte es natural. Es simplemente imposible.

Nota importante. Los modelos climáticos tienen factores que calientan el clima, y factores que enfrían el clima. Pero no tienen ningún elemento natural que pueda haber calentado el clima el siglo pasado. Tienen una oscilación del sol, que justifica sólo algo como ± 0,1ºC cada once años. Así que el calentamiento que hubo el siglo pasado “tiene que ser” por el CO2, porque no se les ocurre otra cosa. Pero es que resulta inevitable que no se les ocurra ninguna alternativa, cuando se niegan a pensar en alternativas. Peor; se enfadan y atacan cuando alguien plantea alternativas.

Roy Spencer presentaba ayer en su blog, para público general, la alternativa que estudia casi en solitario. Y con la claridad y sencillez que le caracteriza.

Mejor leer el original, pero lo resumo. Por una parte explica el efecto a nivel global de El Niño / La Niña de una forma muy simple. Como dos estados diferentes del sistema climático, uno que acelera la mezcla vertical del agua del océano (La Niña), y el otro que la frena (El Niño). Imagina. Tienes en la superficie del mar un agua calentada por el sol, y debajo una masa enorme de agua muy fría. Si las mezcas un poco (viento, olas, corrientes), enfrías la superficie. Siempre hay cierta mezcla, que limita lo que se calienta la superficie por el sol. Pero que aumente o disminuya ese efecto de mezclar las aguas, hace que la superficie esté más o menos caliente. Y suele haber predomino de varias décadas de El Niño o La Niña. En el siglo pasado, dos fases de predomino del El Niño (menos mezcla, y calentamiento) y sólo una de La Niña (más mezcla, y enfriamiento). El PDO del gráfico mide el estado de El Niño (rojo) La Niña (azul).

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En principio, este fenómeno sólo sería una redistribución del calor entre partes del sistema, sin diferencia del calor total. El calentamiento de la superficie, por menos mezcla vertical, daría también enfriamiento del agua por debajo de la superficie. (El agua fría se repone con la que desciende de los polos). Sería como un sistema de aire acondicionado.

Pero Spencer también propone (lo ha medido) un cambio en el calor total del sistema. La diferencia de circulación atmosférica entre los dos modos produce un cambio en la cantidad global de nubes, y eso hace que entre más o menos cantidad de luz (calor) del sol.

Y esta sería una forma de calentamiento (y enfriamiento) natural, que los modelos climáticos no tienen.

Fuera de Spencer y del Pacífico, probablemente se le podrían añadir los ciclos oceánicos que ocurren en el Atlántico Norte. No llevan la misma cadencia y a veces están en la misma fase, y otras en contra fase. Lo que podría explicar [–>] los ciclos largos de unos mil años que se ven el el gráfico de Ljungqvist. Pero claro, para pasar de un boceto a una teoría formal sería necesario que hubiera mas gente que Spencer estudiando en serio el cambio climático natural, desde principios físicos. Curry, Tsonis o Wyatt, lo hacen analizando series temporales de datos climáticos. Pero no hay datos de plazo suficiente.

Sin embargo, unas pocas décadas más podrían demostrar, fuera de dudas, que a los modelos climáticos les faltan elementos imprescindibles, y van demasiado calientes.

modelos-y-realidad-a-noviembre-2015