Estábamos hablando de  Potemos contra las fuerzas del inmovilismo, y parió la abuela. Del susto, supongo. La abuela feminista, que dice ahora que la lucha contra el cambio climático es una cuestión de la mujer. Por tanto, el mundo necesita un eco-feminismo para salir adelante. Eco-feminismo del calentamiento global, se podría decir.

Tienen sus argumentos, ellas. Es sabido que el cambio climático afecta más gravemente a los pobres. Pero hay un colectivo de la población aun más vulnerable todavía. Las mujeres. Supongo que serán sobre todo las actrices de Hollywood, que son las que más protestan por el cuento del clima. Y las mujeres están en primera línea del frente de esa guerra. Mira por ejemplo, Lorena Aguilar.

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No te lo pierdas. Consejera Global Principal, sobre Género, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Que viene a ser como una versión femenina de Juantxo López de Uralde, pero con mucho más éxito. Está en pleno corazón de la gobernanza mundial, en vez de quedarse en un parlamentario nacional haciendo de telonero de Potemos y Venezuela. Y esta fenómeno, con otras,  estuvo a punto de conseguir una genialidad en la reunión del clima de París COP21. La inclusión -entre los problemas a arreglar- de “la estructura de injusticia y desigualdad, que han causado la crisis climática” [–>] . Sólo les faltó un pelín, y no llegaron a conseguir colar ese punto en el tratado. Con Arabia Saudí de capo de los DDHH en la ONU lo tenían bastante cuesta arriba.

Son unas feministas curiosas, convencidas de que la mujer es más miedosa y más maleable. Que es precisamente el ganado que desea cualquier religión. Y lo confiesan.

La investigación y la experiencia muestran que mientras los hombres se enfrentan al cambio climático preferentemente con soluciones técnicas, las mujeres tienden a ser más conscientes del riesgo y a estar más dispuestas a cambiar sus hábitos.

Luego había otros detalles menores en el planteamiento. Una grieta (gap) de género. Para sacar partido a este potencial de las mujeres en la lucha contra el clima, hace falta trasladar la idea desde las alturas de la gobernanza mundial hasta las agricultoras propiamente dichas. Todo muy tierno.

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Y esa labor sólo la pueden llevar a cabo, ¡mujeres! Pero, al contrario que con los hombres, que cobran, de las chicas se espera que hagan eso por el morro. Dicen. Resulta que en los niveles nacional e internacional de la gobernanza hay una diferencia impresionante. Entre las naciones de la ONU las mujeres sólo dirigen un 12% de los 900 ministerios relacionados con el medio ambiente. Y por término medio, sólo  un tercio de los delegados en las negociaciones globales como las de París son mujeres. Cuando resulta evidente que no se puede solucionar la crisis climática sin arreglar primero la estructura de injusticia de género. Y de ahí la imperiosa necesidad del Eco-feminismo Contra el Clima.

Y este es el cuento del Calentamiento Global Acojonante. Para los anticapitalistas es una forma de acabar con el capitalismo. Para Pablemos y López de Uralde, una forma de instaurar el marxismo-cantinflismo en una versión hispana de bolivarianismo. Para la industria de la energía, una forma de hacer negocio con tecnologías todavía no suficientemente desarrolladas para ser rentables. Para los bancos, una gran teta de la que mamar. Para los políticos, presupuesto. Y ahora para las chicas combativas, Igual Da. El clima sólo le importa a Hansen y sus cuatro científicos alarmistas, a los que ya nadie hace caso. Cuando el cuento llega a religión de estado, ya nadie se preocupa por escuchar a los teólogos. Su función está cumplida, y superada.

Fuente, Daily Caller: