Vimos ayer que James Hansen, padre simbólico del alarmismo climático, definía el acuerdo de París COP21 como “un fraude” que contenía “promesas en lugar de acción”.

Hoy le han pedido a John Kerry, Secretario de Estado de Obama, y por tanto representante del padre del acuerdo, que se defienda de esa acusación. Lo cuenta The Guardian:

Y es interesante la defensa del las virtudes del acuerdo, según sus progenitores. Tal vez puedan ver lo que no vemos ni los escépticos del cuento del clima, ni los alarmistas del Calentamiento Global Acojonante (por una vez de acuerdo).

Kerry reconoce que sí es cierto que el acuerdo no vincula a nada, a pesar de a palabrería oficial. Y de la palabrería de la prensa que se limita a ser portavoz de poder — básicamente toda. Y que no contiene ningún mecanismo para obligar a que se cumplan las vaguedades acordadas. (Por ejemplo, aunque diga que “se debería” crear un fondo de 100.000 millones de US $ al año para ayudar a la lucha de los países en vías de desarrollo contra el CGA, en ningún momento dice cuánto tiene que poner qué pardillo, ni cuánto tiene que recibir qué listillo). Pero asegura que a pesar de eso, tiene unas ventajas que van a cambiar el mundo.

  • Hay 186 naciones que van a enviar planes de reducción de emisiones

Los planes que hemos visto de momento son como el 1% de lo necesario. Bjorn Lomborg:

The UNFCCC estimates that if every country makes every single promised Paris Treaty carbon cut between 2016 and 2030 to the fullest extent possible and there is no carbon leakage, CO₂ emissions will be cut by 56 Gt by 2030.

The math is simple: in an implausibly optimistic best-case scenario, Paris leaves 99% of the problem in place.

Según Kerry, no importa. Se ha creado una transparencia (voluntaria, no vinculante ni exigible) tal que todo el mundo va a saber lo que hacen los demás. Y se le sobreentiende que cree que eso crea un ambiente que va a enviar una clara señal al mercado mundial de que la gente se está moviendo a una economía sin CO2, una economía de energía renovable.

And I think it’s going to create millions of jobs, enormous new investment in R&D [research and development], and that R&D is going to produce the solutions, not government.”

No explica por qué no han preferido, para lograr eso que dice, la solución directa y sencilla propuesta por Bil Gates. Inversión pública y alicientes a la privada en nuevas fuentes de energía y mejora de las renovables.

También está convencido de que el ambiente lacrimógeno y emocionado que ha creado el acuerdo de París supone un cambio político interno. Los americanos dejarán de votar  a esos republicanos que están “en el lado equivocado de la historia”. Y eso hará que aunque el acuerdo no tenga nada de vinculante (diga lo que diga tu periódico), será irreversible. Por el ambiente ese que se ha creado.

La hemos jodido los malditos “negacionistas”. Nos van a caer fostias por todas partes para que no estropeemos el ambiente ese. De ahí lo de la creación de una ideología  mundial oficial que comentábamos ayer.

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¿Se lo va a creer, por ejemplo Putin? Porque esa parte de la educación y concienciación públicas tampoco es vinculante (calls, invites).

En resumen. Hemos alcanzado lo que se podría llamar, en vez de un acuerdo vinculante, un acuerdo ambiente. Y es el ambiente el que va a conseguir que los chinos y los indios, y los alemanes, etc, dejan de instalar nuevas centrales de carbón. Cualquier día de estos. Lo que el acuerdo define como “cuanto antes”.

Comparado con esto, el papelito aquel que mostraba Chamberlain como prueba de “la paz de nuestro tiempo”, justo antes de que comenzara la IIGM, fue una genialidad diplomática.

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Por cierto, tengo que guardar para la posteridad esta maravillosa zasca a Jordi Sevilla en Twitter.

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