Luis Bouza-Brey

Rivera se quedó flojo en el debate porque no supo conectar bien la idea de que es necesario que haya un Gobierno, pero que no se puede apoyar el inmovilismo del PP contrario a las reformas políticas necesarias, pero tampoco el cordón sanitario del PSOE contra el PP, por parte de una izquierda sectaria, cerril e irresponsable.
El apoyo para la investidura tiene que ser a cambio de que cambien.
Creo que eso es lo que hubiera tenido que dejar claro Rivera.
Y si alguno de los dos grandes aceptara cambiar, yo sería partidario no sólo de un acuerdo parlamentario, sino de un Gobierno de coalición que vigilara la iniciación y la definición de la próxima legislatura como la de la reforma constitucional, promoviendo y dirigiendo un consenso más amplio a favor de aquélla, y logrando el acuerdo de la oposición, que seguramente estaría integrada por el PSOE de Susana Díaz y por “Podemos”.
Rivera apuntó ideas parecidas, pero con ambigüedad y nerviosismo, con miedo, sin perfil, lo cual no es propio de su liderazgo últimamente. Esperemos que supere su tacticismo temeroso.