Han descubierto la ecuación diabólica. Si tus enemigos consiguen suficientes asesinos dispuestos al suicidio; si los pueden sacar de un colectivo con la laxitud moral suficiente como para asesinar de formas macabras y novedosas, o aplaudir al que lo haga; y si no puedes poner una valla eficaz para dejarlos fuera; estás muy jodido.

¿Qué se puede hacer? Digo, si no eres el típico canalla que lo usa para atacar a sus fobias — que no tienen ninguna relación con los atentados. Lo de siempre. Buscar un culpable imaginario que casualmente coincide con quien odias, y tratar de alejar las miradas de los que empuñan las armas, y de los que los aplauden y acogen. Ayer salían como chinches.

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Dentro de que no se puede hacer nada, igual no es mala idea fijarse en la canalla. Por hacer lo contrario. Por ejemplo, si la canalla resalta lo obvio (que no se ha perdido nadie), como el horror, tal vez lo más virtuoso sea una elipsis. Y tiene sentido. El diseño del atentado esta destinado, precisamente, a producir horror. Y la alegre muchachada, que básicamente odia lo mismo que los terroristas, ayuda a extender el fuego. ¿Conclusión? No les sigas la corriente.

El método es muy impactante, no hay duda de eso. Pero por poner un contexto próximo, el número no es proporcionalmente mayor que los asesinatos de ETA en España, cada año, entre 1978 y 1980. Y es unas veinte veces menor que los que mueren en las carreteras, hoy. Sin que nadie proponga que se cierren las carreteras. Bueno, se ponen un poco latosos con los límites de velocidad; pero eso no deja de ser un incordio menor, y hasta es posible que tenga efectos de reducción en el número.

Sí, el aspaviento es hasta cierto punto inevitable. Es humano, vaya. Pero también es el oxígeno que respira el terrorista. Y la primera medida en un incendio es reducir el oxígeno que alimenta las llamas — en la medida que sea posible.

¿Y la “islamofobia”? Depende de lo que signifique eso. Si pretendes expulsar a la morería de Europa, por ejemplo porque la justicia te importa un rábano ya llegados a este punto, no parece que tengas un plan muy factible. Y lo de “llegados a este punto” se parece mucho al oxígeno para el terrorista. Pero si la islamofobia consiste en el firme descrédito de las religiones como generadoras de fanatismo, hasta que se civilicen, no estarías haciendo nada distinto de lo que hemos venido haciendo hasta ahora. Ni nada distinto de lo que ha hecho a Europa. No combatimos nuestro propio fanatismo combatiendo a Torquemada (tómese como metáfora); lo combatimos combatiendo a la religión. Tampoco considermos Nüremberg estrategia suficiente para acabar con el nazismo. Combatimos la idea, además de las personas. ¿Por qué íbamos a hacer algo diferente con el islam?

Resumiendo. No se puede hacer gran cosa. Pero tal vez sí se pueda hacer poca cosa. No es una solución mágica, y definitivamente es lenta. Pero al final funciona si se aplica con firmeza. Y en todo caso, veinte veces más muertos en carretera lo consideramos un peaje que, aunque combatimos, aceptamos. Sin aspavientos. Y tendría solución. Un límite de velocidad de 15 Km/h acabaría con las muertes en carretera. Pero nos ha parecido peor el remedio que su precio.

Aunque todo terrorismo es en buena medida “mediático”, estos bestias han elevado mucho el listón. Por el expediente de bajar su propio nivel moral. No les demos alas. Nada como obligarles a elevar su moralidad. Y para eso, nada como la firme -pero calmada- reprobación colectiva. Sí, islamofobia; sólo que con minúsculas y sin violencia. No fue aporreando curas ni creyentes como civilizamos nuestra religión. Pero tampoco nos cortamos un pelo en la crítica y en la desaprobación. Si nos la hubiéramos cogido con papel de fumar por temor a la “cristianofobia”, no lo hubiéramos conseguido. Y aunque también es verdad que hay que saber cuándo parar, nos es tan difícil medir la cantidad de apalaudidores de asesinos.

También se puede mirar así. Hicimos un largo camino civilizando nuestra religión, y quitándole el fanatismo. No sólo fue largo, sino que hubo que combatir también otros fanatismos diferentes. Ahora ha cambiado la circunstancia, con la globalización. Hay que empezar de nuevo. Digamos, Voltaire actualizado — cambiando la religión a criticar:

(L’islam) est sans contredit la plus ridicule, la plus absurde, et la plus sanguinaire qui ait jamais infecté le monde

Merkel anda diciendo que el islam es una religión de Europa. De acuerdo, y Voltaire es la forma específica de Europa de civilizar las religiones.

Nicolas de Largillière, François-Marie Arouet dit Voltaire (vers 1724-1725) -001.jpg

Añadido posterior, para ilustración de Marod:

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