Arantza Quiroga, guapa y presumible tonta, se ha estado liando a cuenta de una payasada que se traen los partidos en Vasquilandia. Lo cuenta profusamente toda la prensa. Por ejemplo, El País [–>]:

La presidenta del PP vasco, Arantza Quiroga, ha decidido dar marcha atrás y retirar su iniciativa parlamentaria para lograr un acuerdo político por la paz y la convivencia en Euskadi que incluyese a todos los partidos, también a EH Bildu. La propuesta que Quiroga había presentado públicamente solo 24 horas antes contaba con el visto bueno del Gobierno vasco, el lehendakari Urkullu y la propia izquierda abertzale, que acogió con agrado que en la moción de los populares vascos para la deslegitimación del terrorismo no se exigiese la “condena” de ETA sino el “rechazo expreso” de la violencia.

¿Y todo esto para qué? Se supone, dice, que perseguía un acuerdo unánime sobre la “deslegitimación definitiva del terrorismo”, y el “asentamiento del respeto y la tolerancia en nuestra sociedad”. Una idea que resulta enternecedoramente propia de Bambi, y digna de un aplauso entusiasta. Pero sólo mientras no se te ocurra pensarlo. Porque tiene guasa intentar deslegitimar el terrorismo con aquellos cuya principal obsesión es legitimar el terrorismo. Es a partir de ahí cuando se entiende la estúpida gimnasia de palabras. Rechazar a cambio de condenar, y “la violencia” a cambio de ETA. Lo que no se entiende es lo que nadie parece preguntarse. ¿Para qué diablos quieres ningún acuerdo político de “paz y convivencia” en primer lugar?

Lo de la paz, que llena tanto la boca, es un asunto relativamente simple. Conceptualmente simple, quiero decir. Basta con que no haya un grupo de sociópatas promoviendo y aplaudiendo el asesinato por la espalda del discrepante. Y con hacer justicia a los asesinados, por el procedimiento más ortodoxo que se conoce. El castigo penal. Y no se necesita ningún acuerdo político de grandes palabras para conseguirlo. Todos los países se arreglan bien con policía y código penal.

Y la convivencia no sólo es más simple aun, sino que es inevitable. No es más que vivir en compañía. O sea en vecindad. El maltratador convive con la víctima. Si no convivieran, no habría ni maltratador ni víctima. Están hablando de otra cosa. Algo como “buena convivencia”. Amor y armonía; Bambi y Tambor; cosas así.

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Y ahí está el problema. Que Quiroga, con su unanimidad, sólo puede estar intentando que la abuelita tenga buen rollo con el lobo. Y es una opción, sin duda. Pero definitivamente no es desligitimar el terrorismo, sino exactamente lo contrario. Cualquier unanimidad es blanquear el terrorismo. Por definición, y mientras los filo terroristas no cambien.

Quiroga, y la sociedad vasca en general, tienen dos opciones. Pero no se pueden mezclar. Son como el agua y el aceite. O eligen Bambi y la legitimación definitiva del terrorismo; o eligen no unanimidad. Y una sociedad partida entre los que aplauden a los asesinos, y los que los que los consideran sociópatas.  A los asesinos, y a sus aplaudidores.

Las dos opciones son perfectamente practicables. Y las dos suponen “paz”, mientras no haya asesinatos; y suponen “convivencia”, mientras compartan el mismo espacio. La única diferencia es que una es algo más cómoda, y la otra es manifiestamente más canalla. Y que cada cual elija lo que prefiera. Lo que no se puede hacer es lo que quería Quiroga. Tan mona, ella. Apuntarse a la comodidad, pero pretender que no sea inmoral.