Una nueva reconstrucción de temperaturas de Esper y varios más. Usando árboles del Pirineo Central. Lo más relevante del trabajo probablemente sea una nueva técnica de usar los árboles como “testigos” de temperatura. Midiendo isótopos estables de carbono — en vez de el grueso de los anillos o la densidad de la madera, como suele hacerse. La idea, que creen que consiguen, es capturar mucho mejor la variabilidad de la temperatura del pasado. No tanto la temperatura año a año, o década a década, sino la pendiente (la variación lineal) durante varias décadas. En ese sentido creen que mejoran mucho las técnicas usadas hasta ahora.

Por ejemplo, vemos el gráfico del período de calibración, comparando las mediciones de termómetro con el resultado de los árboles. Algunos puntos están muy separados en las dos curvas, y el r2 no es nada bueno. Pero la tendencia multi decadal va clavada.

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Si han acertado, el resultado sería muy interesante. Porque el cuento del calentamiento global va precisamente de eso. De que el calentamiento observado desde mitad del siglo XX se debe principalmente a las emisiones de CO2 (dicen).

Las temperaturas que reconstruyen son de verano (junio, julio y agosto). Cuando crecen esos árboles. Y los autores explican que …

Los resultados indican que el calentamiento de final del siglo XX no ha sido único en el contexto de los últimos 750 años.

Aunque tienen datos de los últimos mil años, de los primeros 250 no se fían tanto porque tienen un número demasiado bajo de árboles de tanta edad. Por eso ponen el peso en los últimos 750 años.

Digitalizando los datos de sus gráficos podemos ver las temperaturas que han reconstruido (y recordando relativizar los primeros  250 años).

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Tal vez mejor representar las últimos 750 años, en los que tienen más confianza.

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Vemos que, según esta reconstrucción, la temperatura de verano en el Pirineo Central no tiene nada de extraordinario. Pero ya que hablamos de calentamiento, que es aumento de temperatura en el tiempo, miremos ese dato. Mejor que tratar de imaginarlo “a ojo” con las pendientes que se ven en esos gráficos. Podemos representar directamente las pendientes (tendencias lineales) que hay en esos gráficos. Por ejemplo, las de 50 años. Que es lo que parece gustarle al IPCC y los alarmistas, por aquello de “el calentamiento desde mitad del siglo XX”.

Eso es lo que marca el siguiente gráfico. Cada punto representa la pendiente (la tendencia lineal) de la temperatura en los cincuenta años anteriores a esa fecha. Lo que ves es la variación lineal de temperatura en 50 años. O el calentamiento, si la cifra es positiva.

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Dramático. El calentamiento de los últimos cincuenta años en Los Pirineos, según Esper et al 2015, es el mismo que el de: 1065, 1204, 1215, 1366, 1485, 1495, 1775 y 1785. (Hay un punto de temperatura como cada diez años). Y el calentamiento de estos últimos cincuenta años es inferior al de los puntos de:  1075, 1095, 1375, 1385, 1395, 1935, 1945, 1955 y 1965.

Yo cogería con pinzas todas estas reconstrucciones de “paleo” temperatura. Pero si dicen que el Calentamiento Global Acojonante por culpa del hombre pecador no tiene pruebas, sino una atribución con los mejores conocimientos que tenemos (von Storch, comunicación personal en su blog); entonces, con los mejores conocimientos que tenemos, resulta que en el área donde vives, el calentamiento de los últimos 50 años no es ni mucho calentamiento, ni un calentamiento especialmente rápido. O sea, nada digno de mención en el contexto de 1.000 (o 750) años. Ni siquiera en el contexto de 100 años. ¿De qué diablos estamos hablando?

Pongamos lo mismo, con un recuadro de contexto visual para separar lo más frecuente de lo menos. ¿Donde está lo “raro”? De haberlo, sería el enfriamiento un poco antes de 1900. Es lo único que puedes señalar como más “abrupto” que los demás cambios.

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Actualización. Perdón, había olvidado los créditos.

Esper et al 2015: