De entre los muchos cuentos prodigiosos que circulan en España, los de Franco están entre los más sorprendentes. Yo creo que era un tipo que sólo destacaba por vulgar; un  oportunista sin el menor interés ni mérito. Pero si se juzga por sus enemigos (a moro muerto), parece casi un descollante héroe clásico. Poco menos que un ser mitológico. No hay fazaña que no se le atribuya, por extraordinaria que sea. Y claro, al ver su triste figura y su vocecita de carcajada en una filmación de la época, maravilla pensar que semejante nadería pudiera hacer ni la mitad de lo que le atribuyen.

Uno de los cuentos más recurrentes sobre Franco es el que dice que se trataba de un formidable aniquilador de etnias. Vamos, que a poco que asomara una etnia por el horizonte, ya estaba Franco cabalgando lanza en ristre, y combatiéndola hasta hacerla desaparecer.  Feroz. Sin descanso. Sin perdón.

Suena un poco raro que al levantarse el telón, tras la dictadura, en España había casi más etnias que en África. Y muchísimas más que cuando nació Franco. Por ejemplo, en 1.892 Sabino Arana no era todavía una etnia, sino un perfecto payaso con un puñado de seguidores que sólo causaban risa. Así que no parece que el paso de esta figura mitológica por el mundo fuera muy perjudicial para las etnias. Cosa que se podía sospechar visionando en los antiguos NODO la absurda obsesión (y el tremendo coñazo) con los <i>Coros y Danzas</i>. ¿Quien hubiera asistido voluntariamente a ver una sardana o una “espatadantza”? Si acaso, los de sus respectivos terruños y pueblitos, y por falta de cines. Pero Franco, ese ogro de etnias, hacía padecer a los españoles con el coñazo de todos los folclores. Hay que joderse con el mito.

Otro aspecto del mismo cuento es que explica que el régimen anti-etnias ejercía de parásito centralista. La península estaba formada por una brillante y muy industriosa periferia, sobre todo la parte norte; una meseta de vagos ignorantes; y un sur que sólo cantaba y bailaba. Y en el centro, una isla chupóptera sin historia, sin cerebro ni mérito, que vivía del resto. Lo que hacía imprescindible una descentralización que liberara de la sangría a las potentes economías del norte. Vaya, quitarles el lastre de Madrit, para que pudieran prosperar lo que su creatividad les permitía.

Lo malo de los cuentos es cuando te los crees, y los aplicas. Y la descentralización se aplicó, básicamente para liberar de la losa a dos economías norteñas.

Veamos el resultado de la operación. En Libremercado.com hay un análisis sobre el efecto de la aplicación del cuento descentralizador a las economías de Cataluña y Madrit.

Pero sólo es cierto al comparar Cataluña con Madrid. Interesa mirar todas las autonomías, y la media española, para tener un contexto más informativo. E interesa también mirar la riqueza generada por cápita.

Usando los números del artículo de Libremercado para 1980, y los de Wikipedia para 2014, queda así.

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Explicación. Se ha comparado el PIB por cápita de cada autonomía en 1980, corregido por el factor que hay para que la media española de 1980 sea igual a la de 2014. O sea, quitando el crecimiento en PIB por cápita de la media española.

Y lo que se ve es que el “fet diferencial” ha producido muy poca diferencia respecto a la media española. Es un “fet” negativo, pero no mucho. En cambio lo que destaca es que la única autonomía no étnica de España se ha salido del mapa.

Vale, es injusto. O no exacto. Seguro que hay muchos otros factores que han influido, aparte del “fet diferencial”. Seguro que el buen resultado de Madrit tiene más causas que la ausencia de chorradas. Pero sí queda claro que el cuento étnico era … un cuento.

Si queremos ver mejor las diferencias 1980 – 2014, podemos poner un gráfico con las diferencias. O sea, el resultado de 2014 menos el de 1980. El conjunto de España da cero, claro.

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Visto así, cuanto menos etnia (Madrid), mejor. Y cuanto menos Franco, también. Pero para Madrid, no para Cataluña o Vasquilandia. A esas les ha dado igual.