Roger Senserrich nos echa un rapapolvo a tirios y troyanos en la cuestión de la secesión de Cataluña. Y con eso se queda en el medio, muy contento. Si darse cuenta de que en el medio no ha nada. No hay medio entre secesión y no secesión. En Vozpópuli:

Esa “tierra de nadie” suya consiste en criticar la secesión porque es insensata para su patria, Cataluña. Pero curiosamente acaba pidiendo que “por una vez, hagamos política en España, e intentemos arreglar las cosas”.

Y no le conozco ni le he seguido. No tengo ni idea de si se trata de un argumento de ocasión, que esgrime para convencer a gente ya mentalmente “desconectada”. Pero sí veo que la política tiene un porcentaje de cuento abrumador (el es polítólogo), y desde el relato del “desconectado” no se puede hacer política “en España”. Como pide.

Su tremendo error, obvio, como de ciego, es pensar que cualquier crítica del cuento de la “desconexión” cae automágicamente en “pleno fervor nacionalfolclórico”. No ve que un mínimo de esprit d’équipe es, no ya recomendable a los que forman parte de un equipo, sino directamente exigible. Al jugador profesional  del fútbol del que se sabe que está estudiando ofertas de otros equipos le suelen pitar en el campo. Y es exactamente igual de buen o mal jugador, de enrollado o de borde, que antes de estudiar ofertas. Pero esa situación es siempre delicada, porque se presume conflictiva con el espíritu de equipo. Por no hablar del cónyuge al que se le cae al suelo, en un descuido, la tarjeta de un abogado matrimonialista. Imagina que responde:

Yo critico el procés porque quiero lo mejor para Cataluña, y creo sinceramente, tras reflexiones, dudas y análisis más o menos serios, que los posibles beneficios de una separación no compensan los enormes riesgos que esta conlleva.

Pero cambiando el procés por el divorcio, y Cataluña por “mi”.

– No me interesa el divorcio, porque quiero lo mejor para mi, y creo sinceramente, tras reflexiones, dudas y análisis más o menos serios, que los posibles beneficios de una separación no compensan los enormes riesgos que esta conlleva.

Pues mira, monada; casi como que vas a tener separación. Y no es una cuestión de nacionalismo. Ni mucho menos de “fervor nacionalfolclórico”. Es una cuestión de equipo. De equipo funcional, o no funcional. Y tal vez de dignidad. Como en el fútbol o la pareja, que no son precisamente naciones.

equipo

La gran solución de Senserrich es explicar a los catalanes que no les interesa la secesión. A ellos; y a los demás que les jodan. Y es posible que ese sea un cuento muy estimulante en Cataluña. Pero parece fácil pensar que, ya puestos, haya otros cuentos distintos mucho más poderosos — cuando empezamos a rodar por la calzada del mi, me, conmigo. Y definitivamente, desde el punto de vista del resto, de lo que no es Senserrich, la reacción natural a ese cuento es prepararse para la separación con el menor perjucio posible para lo que no es Senserrich. Siempre va a ser mucho perjuicio, pero el que lleva la tarjeta del matrimonialista encima ya no es de confianza. Y en juego de la desconfianza, lo mejor no son las contemplaciones.

Esperemos que no haya mucho Senserrich entre los contrarios a la secesión. Porque eso es justamente lo que sueña el separata como enemigo. Un contrario que prácticamente garantiza la separación, porque ya está “desconectado”. Y la “desconexión” (mental) es el primer paso. Los demás pasos es fácil esperar que vengan solos. Hoy, o pronto.

Resumen. Si vas a participar en un equipo, porque crees que te interesa a ti, te, contigo, no lo plantees así. Miente si hace falta. Porque a mi, me, conmigo no se le ha perdido nada en un equipo. Ese es un cuento que no tiene venta. Pero vaya, ni en una empresa. A ningún miembro de un equipo que se pretenda funcional se le pide equidistancia respecto del equipo. Para eso están las profesiones liberales. Cuento que no existe en el concierto de las naciones.