kosher

Resulta pertinente analizar qué encaje guardan sus ideas y recomendaciones con los valores del liberalismo, tal como ya hiciéramos …

Este es un modo muy clásico de Rallo de empezar un artículo. No examinando si una propuesta es inteligente, o argumentablemente beneficiosa o perniciosa, sino aleccionando al rebaño sobre si es kosher, o pecado. Algo exactamente equivalente a lo que podría largarnos una abuelita del Opus, un dinosaurio marxista, o un vascopiteco coñazo.

  • Resulta pertinente analizar qué encaje guardan sus ideas y recomendaciones con los valores del cristianismo
  • Resulta pertinente analizar qué encaje guardan sus ideas y recomendaciones con los valores del materialismo dialéctico.
  • Resulta pertinente analizar qué encaje guardan sus ideas y recomendaciones con los valores de “ser vasco”.

Nadie dice, por supuesto, que Rallo no tenga todo el derecho a participar en reuniones de abuelitos colgados de un prodigio. Pero un tío que se proclame liberal -y por tanto acepte la circulación de todas las melonadas- debería tener un mínimo de perspectiva. Precisamente porque si aplaude esa circulación, quiere decir que puede ver el conjunto de vehículos. Y de ese conjunto se desprende de inmediato:

Ideología: melonada sacada de la gorra con la que se filtra y se pervierte la realidad. Siendo “melonada” un axioma o conjunto de asunciones simples.

A ver, es inevitable. Melonadas hay a patadas, y son contradictorias entre sí. Pero todas se tienen por ciertas; por “la verdad”. Y entonces sólo hay tres realaciones posibles con ellas:

  1. Mi melonada es cierta, y todas las demás falsas.
  2. Hay una melonada cierta, pero no sé cuál es.
  3. Ninguna melonada es cierta.

Hagamos de Rallo.

Resulta pertinente analizar qué encaje guardan las melonadas con los valores del liberalismo,

Sólo hay un encaje posible. Mientras “los valores del liberalismo” sean aceptar la libre circulación de melonadas y la competencia entre ellas, la única respuesta (“encaje”) liberal debería ser: ninguna melonada es cierta. Y entonces tampoco es cierta mi melonada. Y entonces, a nadie con dos dedos de frente le importa cómo encaja X con los valores del liberalismo, porque el liberalismo como melonada es falso.

Vamos al caso concreto. El gran problema, para Rallo, de la propuesta educativa de Ciudadanos:

Tan es así que el partido llega a proponer la inculcación obligatoria de valores cívicos y constitucionales a los estudiantes con el propósito de alterar sus convicciones morales: se parte de la base de que el actual modelo estatal, con escasas alteraciones, constituye el óptimo panglossiano del que ni podemos ni debemos movernos, motivo por el cual el monopolio educativo debe contribuir a apuntalar el régimen estatal inoculándoles a los alumnos todas aquellas ideas que ayuden a reforzarlo.

El pequeño problema es que Rallo no puede presentar, no ya un estado, sino una sola sociedad humana que no  intente formar las convicciones morales de sus cachorros, y que haya durado más de unas pocas generaciones.

Podríamos usar una metáfora que un liberal alegre debería entender. El dinero. Sólo es una magia que depende enteramente de la alteración de la visión de la peña. Si la gente viera el dinero como lo que es, un mito, automáticamente nos quedábamos sin dinero. Sí, Rallo podría pensar en el oro. De hecho, piensa. Pero el oro no es menos magia (mito) que el papel. Depende, como el papel, de que la gente se lo crea. O de que cada uno crea que la gente va a seguir creyendo en él. Y si depende de la generalización de una creencia, depende de la “formación de las convicciones morales” del rebaño. No hay rebaño sin unas “convicciones morales” compartidas. Y no serán compartidas si cada cual decide tener sus propias convicciones morales (u opiniones sobre el oro).

Toda sociedad humana que exceda el tamaño de la banda de chimpas necesita un “pegamento” que no traemos incluido en nuestro hardware. El motivo debería ser evidente. Al contrario que los chimpas, nos relacionamos todos los días con gente que no conocemos. Y sin embargo, nos comportamos como si supiéramos un montón de cosas de los desconocidos con los que tratamos. Como si supiéramos, por ejemplo, que no nos va a matar para comernos. ¡Y es que conocemos ese montón de cosas! Conocemos ese “pegamento” que permite la existencia de la sociedad en la que vivimos. Precisamente porque durante la educación se “alteraron las convicciones morales” de los cachorros de esa sociedad. Del tipo de: el vecino no es para comer.

Bueno, pues algo tan sencillo, los “liberales alegres” no lo entienden.

Claro que, ahora, el abuelito liberal preguntaría:

Resulta pertinente analizar qué encaje guarda “todas las melonadas son falsas” con los valores del liberalismo.

Respuesta: No nos importa. No nos importan “los valores del liberalismo”, lo mismo que no nos importa ninguna de las otras melonadas. Lo que nos importa es que, muy  frecuentemente, un grado alto de libertad produce mejores resultados que un grado bajo de libertad. Donde “mejores” es algo que se puede esperar medir. Por ejemplo, en capacidad de cambio rápido ante circunstancias cambiantes, a través de la prueba y el error. Cosa que implica un buen grado de libertad; porque para probar cosas diferentes (prueba y error) hace falta la libertad de hacer cosas diferentes. Que a menudo implica la libertad de “ser” diferente.

Lo que no tiene sentido es que en aras de la libertad entendida como valor moral, deshagamos los pegamentos que permiten la existencia de una sociedad — más allá de la banda de chimpas. Banda en la que -por cierto- no existe la menor libertad.

chimpas

Si Rallo quiere ser Robinson en su isla, que lo sea. Apuesto que no lo ha experimentado ni de lejos, ni tiene idea de cómo va. Pero el 99% de la gente no lo soporta más allá de dos semanas, si puede evitarlo. Y en esa circunstancia no se suelen sentir “libres”, sino opresivamente angustiados. Es de presumir (por estadística) que Rallo sea del 99%.

Origen, Vozpópuli: