José Carlos Rodríguez

Hola Plazaeme. Hoy visité el blog de Carlos M Gorriarán, y en su última entrada del 9 de este mes, titulada “Gracias” deja esta perla:

Luego nos revalidaron la confianza en el Primer Congreso de 2009, que ya fue conflictivo (por el interés del PP de Madrid de Granados en desarticularnos con varios topos ya entonces “renovadores”)

Posiblemente haya dicho algo parecido en alguna ocasión anterior, pero yo es la primera vez que escucho semejante cosa y alucino.

No sabía que era topo de Granados. Y sutil la alusión a “Renovadores de UPyD” de Irene Lozano

Mas adelante continúa:

En los comienzos de UPyD abundaban los voluntarios para las más variadas tareas. El altruismo general era admirable, y haberlo vivido es una de las mejores experiencias de mi vida. Pocos pretendían un trato especial, contra lo que enseguida se hizo corriente.

Supongo que no se referíria a José María, ni a Viejecita, ni a Maleni, ni Rodolfo, ni a Juan, ni a Iria,  ni a Lois, ni a tantos otros (la mayoría de los herejes)

Y sigue:

Más adelante, en la época de crecimiento y éxito, de vino y rosas que ellos no trabajaron pero reclaman como propias, entraron algunos que vieron en este partido en auge un instrumento para la satisfacción de sus ambiciones personales.

Quizá se refiere a tipos como Sanmartín, pero esos en el pecado llevan la penitencia, porque Granados ya no puede premiar su labor de topos.

Un abrazo: José Carlos Rodríguez Lorenzo

¡Hola, José Carlos!

Para mi ese ha sido siempre el gran misterio del Gorri. Que la gente se lo tome lo suficientemente en serio como para sorprenderse de sus cosas. Sí, tiene guasa que el responsable máximo de una organización que se ha caracterizado desde que nació por ser un terrible mal rollo entre gente claramente mejor que la media, vea la responsabilidad alegremente repartida por todo bicho viviente menos él. Porque aunque se trate se una mandada de “retorcida estulticia” y de “canallesca deslealtad”, según sus propias palabras, ¡no deja de ser el rebaño de su pastor! O sea, la criatura del propio Gorri. Que si usamos su mismo lenguaje y expresividad, y juzgamos por su éxito, deberíamos de considerar un personaje de “insuperable imbecilidad”.

Pero yo creo que nos hubiéramos ahorrado muchas sopresas y disgustos de haber interpretado al fenómeno de una forma funcional, en lugar de recibiendo sin más crítica la proyección de su auto-percepción. Claro que la presencia por medio del prestigio de Savater puede haber tenido no poca influencia. Porque normalmente cuando ves a un enano con complejo de gigante, no sueles albergar muchas esperanzas.

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Pero es lo que tienen los filósofos de tanto brillar. El resplandor ilumina mucho su propia figura, pero al mismo tiempo quita la luz al resto del cuadro. Y claro, te cuelan  un Napoleón de chichinabo como si fuera el portento político e intelectual del siglo. Y luego, a alucinar. ¡Qué remedio!

Pero no se puede negar la parte positiva. Fue una lección en toda regla. Aunque no precisamente la lección que creían estar dando los egregios profesores. ¡Qué digo, una lección! Todo un cargamento. La gran pena es que se trata de esas lecciones que no aprendemos nunca heredadas de la cultura, sino por experiencia. Y hay que repetirlas en cada generación. Por eso no nos deshacemos de los enanos perniciosos antes de que causen daño, como sería de rigor.