Básicamente unos gráficos. Y recuperar una serieque  tiene pinta de ser la más relevante y la de más calidad. Relevante, por ser la temperatura de la superficie del mar. Y de mayor calidad, porque usa satélites y termómetros, y entre los termómetros usa los mejores (las boyas) para corregir los peores (barcos).

Pongamos primero la temperatura del aire medida por satélites por el grupo UAH. Daría igual poner la del grupo RSS porque son sensiblemente iguales. “La pausa” sigue existiendo en todo su esplendor. Pero es más interesante que la tasa de calentamiento en los treinta y tantos años de datos es como la mitad de la que predicen los modelos que tanto miedo causan.

En todos los gráficos, menos el último se pone la media móvil de 12 meses. De forma que cada punto es la media de los seis meses anteriores y posteriores de la fecha.

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En cambio, en la temperatura global del mar de la serie NOAA / Reynolds OIv2 “la pausa” parece haberse acabado. Por El Niño de este año, que lleva camino de fuerte. Pero la tasa de calentamiento es igualmente como la mitad de la predicción de los modelos.

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Se pueden poner juntas.

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Y marcando los puntos de inflexión, donde se ve muy bien que los cambios empiezan en el agua.

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Y para el que tenga curiosidad, ambas series sin el filtro de la media móvil. O sea, temperaturas mensuales en vez de 12 meses.

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El “mensaje” sería que probablemente también en la temperatura del aire medida por satélites se acabará “la pausa” en el calentamiento global. Cosa que tiene su importancia publicitaria y psicológica. Pero que no evita que los modelos vayan fatal.

Imaginemos que los modelos vayan sobrecalentados x2, como parecen indicar las temperaturas de medición fiable y de calidad. Eso haría la “sensibilidad climática” la mitad de la del IPCC. En vez de ser 3,2ºC de calentamiento por doblar la cantidad de CO2, sería 1,6. Justo el resultado de Nick Lewis y Judith Curry.

También podemos recuperar el listado de los cálculos de esa “sensibilidad climática” basados en mediciones, desde 2002. Los cuatro últimos (derecha) son de 2013 (2) y 2014 (2).

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O sea, todo apunta a que los modelos exageran mucho y hablamos de un problema imaginario.

Nota: Los datos de los estudios de “sensibilidad climática” vienen de este trabajo de comparación de Nic Lewis: