Pongamos que piensas que la única forma de juzgar una idea científica es atender la opinión de las academias científicas, y su unanimidad. Es una asunción. Mucha gente lo hace. Y entonces estás convencido de que las emisiones de CO2 van a provocar un problema de los gordos. Incluso ya lo están provocando. Aunque no puedas verlo por ningún sitio, y sí puedas ver que en la tierra hay más cantidad de vida y comida, ahora, que antes de las emisiones citadas.

Y como hay un problema, hay que pensar en una solución. Hace un par de semanas le hacían una entrevista a Bill Gates, en la que deja muy clara su opinión. Y se ve que ha pensado (e invertido) mucho en el asunto. Que su conclusión no coincida en nada con la solución que aplica tu político favorito debería, tal vez, hacerte pensar.

Lo recojo del Financial Times:

Es más que evidente. No hay nadie que haya presentado unos números que hagan creíble la sustitución de las energías fósiles con las renovables que conocemos. Ni de muy muy lejos.

Dice Gates que usar las tecnologías renovables que tenemos para producir la energía que necesitamos supondría un coste “más allá de astronómico”. Y que subsidiamos los negocios  de las renovables en unos cien mil millones al año, mientras que sólo se invierten unos seis mil en investigación.

Gates urge a los gobiernos a cambiar los recursos, de subsidiar a las renovables a la investigación básica.

Los incentivos actuales, dice, no son los correctos para que se tomen los riesgos necesarios para conseguir una nueva tecnología. Les subsidian a base de garantizarles un precio por la energía. ¿Tendrían recompensa si encuentran una tecnología rompedora? No mucha.

Lo dice con mucha suavidad y elegancia, pero el significado no parece nada alejado de decir que estamos haciendo el idiota.

Él mismo pone un montón de dinero en el problema. Cree que es un problema. E invertirá unos 400 millones al año durante los próximos cinco. Probablemente más después. Pero, por lo que dice, no lo pone en la producción subvencionada de energía renovable, sino en investigación y desarrollo. Sin olvidar, por supuesto, la nuclear.

Y no hay que olvidar que está proponiendo una política que, es muy presuntamente, ganadora sea el que sea el resultado de la discusión del “cambio climático”. Porque si las emisiones de CO2 no resultan ser ni peligrosas ni preocupantes, en cualquier caso necesitamos alternativas a los combustibles fósiles para producir de energía barata.

El riesgo es que las inversiones no tengan éxito. ¿Pero cuál sería la diferencia entre poner ese dinero en I&D, o ponerlo en producción de renovables ineficaces? Pues que lo estás poniendo en investigación (y siempre se aprende algo, aunque no sea lo que buscas) en vez de en el negociete de los espabilados y otros amigos del gobierno. No supondría perder dinero respecto de lo que ya estamos haciendo ahora.

Si te fijas, los que ofrecen soluciones a la crisis imaginaria del clima se dividen en tres esquemas.

1. Encarecer la energía para hacer rentable las tecnologías ineficaces. Su otro nombre es: empobrecer a la gente.

2. Muy de ecologistas radicales es la idea de diezmar la población mundial, y así diezmar la necesidad de energía. Alternativamente, contemplan que andes en bicicleta, no te duches, y enciendas una hoguera por la noche. Su otro nombre es: paleolítico.

3. La de Bill Gates que vemos hoy.

Sólo te queda preguntarle a tu político favorito por qué elige la que elige. Pero es mucho mejor si le preguntas en qué invierten sus amigotes, y qué puesto le espera al otro lado de la puerta giratoria.

Una nota sobre la nuclear. En el estado actual es la única tecnología verosímil como solución. Pero sólo hasta cierto punto. La cantidad de centrales que habría que construir, y la inversión, son también astronómicas.