Es verdad que hablar de matrimonio y cotilleo es un coñazo, propio sólo de mentes inferiores. Pero hay que reconocer que la sentencia del Supremo USA toca indirectamente asuntos apasionantes. Así que pasaremos por encima de la sección [–>] dedicada por Marod al Prosti español, y haremos una paradiña en el Prosti USA.

Lo de Prosti, en este caso, es cariñoso. Y costumbre. No es descriptivo. Los jueces que la han cagado no lo han hecho por interés personal. Es convencimiento. No han vendido su función, aunque la hayan pervertido. ¡Y cómo! El disidente (y presidente — Chief of Justice) Roberts lo describe de forma impecable:

Es un acto de voluntad, no de justicia.

Esta Corte no es un legislativo. Si el matrimonio del mismo sexo es una buena idea, o no, es un asunto que no nos concierne. Bajo la Constitución, los jueces tienen el poder de establecer lo que dice la ley; no lo que debería decir.

¿Quién nos creemos que somos? [–>]

Los orgullosos del arco iris, en cambio, sostienen que la decisión del la Corte Suprema ha sido la resolución más “democrática” imaginable. A saber lo que entienden por democracia. Culo veo, culo quiero. O así. Porque tiene su aquel. Lo que ha hecho el supremo USA es ilegalizar las “decisiones soberanas” de aquellos estados que, tras referendos, no habían declarado legal el matrimonio homosexual. Que le expliquen a Mas -y a todos los del “derecho a decidir”- cómo las gastan en otros sitios de alguna mayor tradición democrática.

Bonito en todo caso. Hay que usar papel de fumar. Sin duda la Consti debe estar por encima del voto — salvo que la votación sea para cambiarla. Pero también sin duda, los jueces no están para hacer las leyes.

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Roberts es el del medio, y tiene unas cuantas gemas en su voto discrepante. El argumento principal, que parece impecable, es que la Constitución USA no dice nada del matrimonio. Ni una palabra. Por tanto, deja a la decisión legislativa de cada estado establecer lo que quiera. Y el Supremo acaba de inventarse una norma constitucional, por encima de los estados.

Pero entra en también una cuestión muy delicada. Y apasionante.

Aunque la mayoría (de la Corte) inserta aleatoriamente el adjetivo “dos” en varios sitios, no ofrece ninguna razón en absoluto de por qué debe preservarse el elemento dos-personas, mientras que no hay que hacerlo con el elemento hombre-mujer. Sin duda, desde el punto de vista de la historia y la tradición, el salto de distinto-sexo a mismo-sexo es mucho mayor que el de dos-personas a poligamia, que tiene hondas raíces en algunas culturas del mundo. Si el voto mayoritario quiere dar el salto más grande, es difícil ver cómo puede decir que no al salto más corto. Resulta sorprendente cuánto del razonamiento de la mayoría podría aplicarse con la misma fuerza a un derecho fundamental a la poligamia. [–>]

No tengo el texto completo, pero puedo imaginar todos esos argumentos basados en el amor, la decisión libre de adultos, la no discriminación, y tal. En realidad, todos los argumentos.

El verdad que se puede defender muy bien el arco iris sin defender Lolita en el altar, o el matrimonio -por ejemplo- con cabras. Algunos cafres usan esa comparación, pero el argumento “consentimiento” es intachable. Sin embargo no soy capaz de encontrar un sólo argumento de apoyo a la boda arco iris, que no apoye también a la boda Mahoma. Pido ayuda, por si a alguien se le ocurre.

De hecho, ya hay propuestas al respecto; y muy en serio. Como Fredrik deBoer, en Politico:

Nota en descargo: No tengo nada, ni en contra ni a favor, de los distintos tipos imaginables de uniones que el estado, o la sociedad, podrían “sacralizar”. Ya sean con motivo de sexo, de procreación, económicos, o por aburrimiento. Paso de cotilleo, y paso de sacramentos. Pero sí estoy definitivamente a favor de jueces como Roberts. ¡Si hasta escribe como los ángeles! Vaya, como una persona culta, y no como los chupatintas engreídos y farragosos que nos suele traer Marod. Los del auténtico Prosti. La sintaxis es el alma (Umbral). Y la sentencia que comentamos, una parida “ad hoc” que sólo indica el poder de cierto lobby que tiene mucho más colorido que sustancia.

Es un acto de voluntad, no de justicia.

¡Poligamia, ya!

Añadido:

La sentencia completa con sus votos particuares. Gracias a Monty (@esopmontaraz)