Es algo de lo que puedes estar casi seguro antes de medirlo. Si te encuentras con un problema imaginario que une a los progres, ecolos, y grandes capitalistas, puedes apostar porque su solución pasa por extraer dinero de los más pobres para beneficiar sobre todo a los más ricos. Por eso los sindicatos alemanes -que son sindicatos de verdad, y pagados por sus afiliados- son bastante reticentes con las “políticas climáticas”. Y por eso los sindicatos españoles, mantenidos por el estado, son tan fervientes partidarios.

No hace falta decir que los proponentes del cuento del clima no tienen ningún interés en medir quién paga la fiesta. No vaya a ser que se note. Pero al reputado economista del medio ambiente Charles Kolstad [–>] se le ha escapado un estudio que mide precisamente eso.

La medición no es tan sencilla, aunque la idea sí lo es. Todas las regulaciones a cuenta del clima de las que se oye hablar pasan cobrar las emisiones de CO2 de las actividades productivas. Y por una parte hay diferencia de emisiones en las distintas actividades por unidad de coste de producción, al tiempo que hay diferencias de consumo según el nivel económico. Por ejemplo, producir cemento, energía, o fertilizantes, emite mucho más CO2 por unidad de precio producido que la media. Y la parte más pobre de la sociedad gasta un porcentaje mucho mayor de su presupuesto en vivienda, comida, y energía que la parte más rica. Conjugando todas las actividades productivas con los hábitos de consumo por nivel económico, el estudio calcula este gráfico:

quien-paga-politica-climatica

Mensaje: La gente con menos ingresos pagará más del doble que el 10% más rico, medido en porcentaje de su presupuesto vital. Calculado para USA, y haciendo una simulación basada en un impuesto de 15 $ por tonelada de CO2 emitida.

Es una política espectacularmente regresiva, por mucho que despierte más entusiasmo entre los progres.

También hay que tener en cuenta que el estudio sólo contempla la diferencia en el gasto. Cualquier “política climática” va a hacer gastar mas a los que tienen menos ingresos. Pero no entra en la parte de los ingresos. Por ejemplo, no mide qué porcentaje de ingresos medios entre el 10% de la población que menos gana viene de inversiones en “economía verde”, comparado con el 10% que más gana. Pero se puede apostar que vas a encontrar más inversores en huertos solares (de rentabilidad garantizada por las subvenciones), por ejemplo en el Horcher, que en el Pozo del Tío Raimundo. Y para calcularlo todo bien hay que contemplar también esa parte. No sólo la diferencia en lo que se aporta a la teta pública, sino la diferencia con lo que los espabilados de siempre extraen de la misma.

No sé tú cómo lo ves, pero a mi si un político me invita a una fiesta empezaría por preguntarle quién la paga. Y le exigiría que me muestre las mediciones. Aquí las tienes.

¿Y lo del Papa y los pobres? No te podría decir; de religión no entiendo nada.

Origen, WUWT: