Funciona bien lo de la monarquía. Hay gente que piensa en un florero. Pero es mucho más un marcapasos, o una bandera a seguir. Nos indica lo que está de moda; el “espíritu” del momento. Y como los españoles tendemos a los absolutos, y a los bandazos, un faro que ejerza de guía resulta de lo más conveniente. Para no ir con el paso cambiado. Porque si mezclas ese espíritu de fanáticos (los absolutos), con el sectarismo de las cuadrillas en guerra permanente, hay que tener el baile bastante bien organizado para que no se desmadre del todo.

Por ejemplo, cuando España era “el país donde uno se puede hacer rico más rápidamente” (Solchaga), ahí estaba nuestro faro coronado iluminando al personal. Cualquiera que mirara podía saber de qué iba la fiesta. Luego llegó lo del “cordón sanitario”, también perfectamente representado en el teatro real a través de las muestras de simpatía y antipatía. Y ahora la música es otra. ¡Regeneración! No podía faltar una infanta y un Urdanpillín a los que quitarles el ducado. Y todo Rato acojonado, mirando con estupor su tarjeta black. ¿Todo Rato? Bueno, no exactamente. Siempre hay los listos, y los cabezas de turco. Y el show no se suele hacer con los primeros.

Pero lo de hoy siempre es pasado en realidad. Se gestó antes. La gracia está en ver lo de mañana. Probablemente Syriza, en una versión entre bolivariana y étnica. Y para eso tenemos a la Leti en el banquillo. El que quiera mirar el futuro, ya sabe dónde. Tenemos monarquía guía. En vez de marcar lo permanente y lo más o menos compartido por todos, nos marca la moda. Como el Hola, pero en la parte que no son adornos. En las cosas del comer, por así decir. Un chollo.

And the show goes on.