Cada día está más claro que los nacionatas son, sobre todo, pelmas.

Todo el mundo aporta sus ideas y soluciones. Y lo primero que te sale, claro, es pensar que a ese juego podemos jugar todos.

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Me cago en la puta ikurriña de la mierda. Y tal. Y en todos los muertos del Athletic, aunque algunos sean míos. Pero luego siempre da como cosa participar en los jueguecitos de los antropides. Quiero decir que si no te pones al nivel de un chimpancé, ¿por qué te vas a poner al de un vascopiteco? ¿Porque los chimpancés viven en el zoo, y los vascopitecos comparten las calles? No es motivo suficiente. En las calles también hay osos, y eso no te lleva a hacer el oso.

También es verdad que procuras no ser miembro de clubs donde dejen entrar a los osos. Y ese es el quid de este asunto tan infantil. Que se trata de ti, en la parte de recibir, pero no se trata de ti en la parte de decidir. Lo del fútbol es un asunto particular, entre unos clubs de particulares. El estado y las leyes no deberían de entrar en sus asuntos. La decisión debería ser de los particulares. Pero el rey y su música, que son los que están en el lado de recibir, son exactamente lo contrario de particulares. Justamente la representación de todos. Incluyendo a los antimonárquicos y antiborbónicos, como vuestro humilde relator. Y esto nos puede dar una pista sobre lo que se puede hacer, en el caso de que pensemos que hay que hacer algo.

Lo de la multa es una imbecilidad. PP, después de todo. En ningún caso va a compensar el agravio. A los agraviados, quiero decir. No es que vaya a ser poco dinero; es que no les va a llegar ningún dinero, en ningún caso. Y encima, garantizas que se va a repetir.

Venga, que es fácil. Tenemos un evento de particulares, al que el conjunto hemos cedido el uso del nombre de nuestros símbolos (Copa de Su Majestad el Rey), el uso físico de un símbolo (el rey en persona), y el uso de símbolos artísticos (el himno). Y perfectamente puedes conseguir evitar que se repita la gracia de los nenes. Le puedes decir a los particulares que, o bien no participan los cafres, por ejemplo cinco años de suspensión, o bien no usan los símbolos a los que sus cafres insultan. Que elijan ellos. Copa de la Liga de Fútbol Profesional (ni de España, ni de leches). Sin rey, ni música con copyright soberano. O bien sin Athletic ni Barsa.

A ver, PP, tontos. Eso es lo mejor que se puede hacer con los niños. Siempre. Quitarles el puto juguete. La trompetita tocacojones. Y los cafres, al cuarto de los cafres.

Ah, y para los más ambiciosos (y menos liberales) cabría otra vuelta de tuerca. Como fenómeno violentógeno y francamente antisocial, el estado podría plantearse la idea de dejar de promocionarlo, y empezar a tratarlo con el mismo espíritu que a otras actividades antisociales. Como las campañas contra el racismo o la violencia de género. Fútbol, caca; deporte profesional, actividad de drogadictos y masas enfurecidas sin cerebro ni educación. Y en ese plan. Cosa de que los particulares empiecen a temblar un poco por la parte del dinero.

¿Que no?

Pero descuidad, que no será. Al parecer, nos va la marcha. ¡Vaya tropa!

sado-maso