La situación en Cataluña podría muy bien ser representada por medio de una película de zombis delirantes movidos por tropismos de odio y sectarismo etnicistas, que se autoalimentan con sus orgías coloristas y un sentido narcisista de comunidad cada vez más endogámica y reducida.

¿Qué es lo que fomenta este delirio? La cobardía y vaciado de principios del Gobierno de Rajoy; la carencia de sentido de Estado y patriotismo del PSOE, liderado por ineptos influidos por un PSC ya desahuciado, por su incapacidad y oportunismo; la demencia senil de ICV, vaciada de los principios de igualdad, solidaridad e internacionalismo por sus dirigentes pequeñoburgueses; la corrupción y anacronismo reaccionario de CIU, reflejo de la oscuridad y mezquindad del sector más anquilosado e interesado de la pequeña burguesía local; y el golpismo genético delirante de los “enrauxats” de ERC y CUP, dispuestos a conducir de una vez a Cataluña al suicidio.

Frente a este caos degenerativo comienza a organizarse la resistencia de un “Ciudadanos” que acierta por fin con una estrategia coherente; de una “Sociedad Civil Catalana” y otros grupos, que intentan articular la indignación de sectores populares cansados de vacaciones políticas de más de treinta años; de “Crónica Global” que intenta hacer llegar la resistencia al mundo digital; y de una sociedad catalana que comienza a sacudirse el sopor narcotizante inyectado en ella por la astucia reaccionaria del nacionalismo etnicista.

¿Habrá tiempo de corregir el rumbo infernal que nos han impuesto? Uno no lo creería, si no fuera por la experiencia, que indica que los regímenes autoritarios, aparentemente eternos, se derrumban como castillos de naipes cuando aparecen las primeras grietas en su coraza. Habrá que leer las urnas de mañana.