Hoy que lo de izquierdas y derechas tiene significados diferentes que antes de la caída del muro, y hay como cierta imprecisión al respecto, puede convenir recordar la -probablemente- más clara separación entre conservatas y progres. Los conservadores tienden claramente a usar la realidad como punto de mira, mientras que la izquierda revoluta sólo usa lo que podríamos llamar “verdades imaginarias”. Los famosos unicornios azules que tanto entretienen a la chiquillería.

Así se explica bien que la casi totalidad de la intelectualidad pagada con la teta pública sea progre. Con la realidad se llega hasta donde se llega, y no es muy lejos. Los unicornios imaginarios, en cambio, no tienen límites de recorrido. La luna se toca con la mano, si hace falta. O con la punta del cuerno. Y los conservatas son, lógicamente, poco menos que analfabetos anti-intelectuales.

El cuento queda muy bien. Se entiende fácil. Y es un gran consuelo saber que formas parte de un grupo caracterizado por la inteligencia y una visión angelical del mundo, claramente diferente de todos esos analfabetos funcionales malintencionados.

Toda esta introducción viene a cuento de la coincidencia de dos artículos, de científicos de clima, sobre las opiniones de sendos políticos de lados opuestos de la barrera. En los que se intercambian con notable precisión los papeles del cuento. En uno, la pregunta es cómo puede ser tan animal el muy intelectual presidente demócrata.

Y en el otro se señala la muy equilibrada visión sobre la discusión del clima del improbable Jeb Bush.

Obama acaba de dar una charla en una tenida del US Coast Guard, llena de perlas de este tenor.

the challenge … that, perhaps more than any other, will shape your entire careers – and that’s the urgent need to combat and adapt to climate change.

Our analysts in the intelligence community know climate change is happening.  Our military leaders — generals and admirals, active duty and retired — know it’s happening.  Our homeland security professionals know it’s happening.  And our Coast Guard knows it’s happening.

Claro. Y el abuelo de Obama, probablemente un pastor ágrafo en Kenya, también sabía que el clima estaba cambiando. Es lo que hace el clima. Pero saber que está cambiando no quiere decir que se note. En caso contrario diría “ver” en lugar de saber. La puta realidad esa con la que tan enfadados están los muy intelectuales progretas. Su problema es que a pesar de tanta intelectualidad, todavía no han comprendido algo tan básico como que se puede “saber” algo equivocado.

Recomiendo mucho el segundo artículo. Sobre una publicación nada menos que de 1897; de un geólogo. Que se dedica a explicar justamente el problema de Obama . Y en general de la ciencia pos moderna, siempre casada con el “paradigma de moda”. El mecanismo de engañarse por abrazar injustificadamente una de las hipótesis útiles, apartando la mirada de las demás.

Curry apunta:

Jeb gets it exactly right. There are two broad hypotheses for recent climate change: human causes and natural causes (with numerous sub-hypotheses contained within).  The climate debate is dominated by the premature carving in stone of a theory that humans are the dominant cause of recent climate change.

Y extracta el artículo de 1987, republicado en 1965. Mostrando la correspondencia entre la alarma del clima y el problema de la mono-hipótesis (en este caso, la carbonofobia) como perversión del conocimiento científico. Y le queda niquelado.

Total, que el cuento no funciona. Jeb Bush seguramente será bruto y pondrá las patas encima de la mesa. Pero tiene la sutileza mental de comprender que una hipótesis de trabajo sólo es una hipótesis; que hay otras; y que confirmarla requiere unos procesos (como predicciones acertadas) que no se han llevado a cabo. Obama puede que sea angelical, pero confunde imaginar con “saber”.