Es curioso. Aunque entre las características inherentes a cualquier nacionalismo, una de las más claras, señeras, y universales, sea la pelmada, esta rara vez figura en el hit parade de agravios producidos por la sociopatía nacionalista. Cabe imaginar que las demás características llaman más la atención.

La payasada -los cantos, disfraces, identitismos- sin duda se hace notar desde lejos. Y sería hasta tierna … si no fuera tan pelma. Pero lo que vemos es la payasada.

La violencia no hace falta mencionarla. Siempre es lo más visible. Y que no se me pongan lacrimógenos los nacionatas que se quieren imaginar moderados. No existe tal cosa. Aunque haya nacionalismos que no asesinen, todos ejercen una violencia social y moral formidables. Es inevitable cuando algo se basa en un cuento de buenos y malos. Y todos los nacionalismos son cuentos de ese tipo.

Podemos dar por condiciones necesarias todas las características universales. Seguro que ningún nacionalismo puede funcionar sin payasada y sin violencia. Pero sí se observan grados muy distintos. No siempre ocurren a un nivel completamente insoportable; aunque suelen. Pero, a lo que iba. El nivel de la pelmada nacionata nunca es moderado. Ni de lejos. Siempre es desbordante; obsesiva, implacable; infatigable. Como la tortura china del gota a gota.

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La imagen es de Wikimedia [–>]

Es fácil de entender. ¿Quién puede aceptar, sin la gota china, que cuando queremos introducir el catalán en la educación resulta un derecho humano básico e imprescindible poder estudiar en la lengua materna; pero que cuando queremos erradicar el castellano, la lengua materna se convierte en lengua familiar, que ya no es ni imprescindible, ni derecho, ni leches? Sin pelmada es imposible. Y la pelmada lo hace posible no porque te lo creas, sino por agotamiento. Como el chino de la foto de arriba. La gota no le va a entrar en el cerebro, ni en mil años. Pero aun así estára de acuerdo con todo lo que le sugieras. Al 100%. Ni media duda.

¿Y quién se puede tragar, sin la gota china, que todos los organismos y estudios científicos internacionales avalan el ahogamiento lingüístico (aka “inmersión”) de la educación en Cataluña, cuando exactamente ninguno lo ha hecho? Pues eso: la pelmada. Una pelmada que empieza y no para; que ahoga tanto como la inmersión. Que es como una losa permanente que aplasta a las almas cándidas, sin dejarles respirar.

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Losa nacionalista

Sirva para presentar este artículo de Sonia Sierra en Crónica Global. Explica muy bien lo de la pelmada, en su versión de pelmada lingüística.

Lo que no sé es por qué le llama “hipocresía” al insuperable coñazo. Se supone que el fingimiento necesita cierta verosimilitud. Y este mecanismo opera de forma muy distinta. No cuela por verosímil, sino por plasta.

Vascuence por saco