Se ha hablado bastante de la niñería. Había un partido de fútbol en Almería. Entre un equipo local y uno -creo que- guipuchi. Se conoce que es costumbre que al final los entrenadores contesten preguntas de los periodistas. Y en el turno del entrenador del equipo vascongado, le hacen las dos primeras preguntas en vascuence. Y las contesta de la misma guisa. Total, que los periodistas que no padecen vascuence se enfadaron y se fueron. O muchos de ellos, o lo que sea. Bronca tonta, sin más.

Pero el asunto no se queda en el club de fútbol, salta a las noticias y las redes, y todo el mundo apasionado. A favor, y en contra. Diciento todas las chorradas que se pueden saber antes aun de que sean pronunciadas. Son como loros.

Vale, es una moda. Pero lo interesante es saber de dónde viene. Y no viene del etno-nacionalismo. Este la usa a su favor, pero la moda viene de un ambiente mucho más general. El muy infantil ambiente del “como-si”. El niño es medio tonto, pero hacemos como si no lo fuera. Igual un buen día despierta. Pero lo que está muy bien para los niños, no es lo mismo para adultos, y para grupos.

Por ejemplo, ahora “normalizamos” lenguas. Que es hacer como si las lenguas a “normalizar” fueran normales. Problema: no lo son. No necesitarían pensar en “normalizarlas” si lo fueran. Y el caso es que ellos mismos, los entusiastas de “normalizar” lenguas, definen muy bien la anomalía. Son lenguas “minorizadas”. Dicen. Concepto que se puede examinar desde la culpa, o desde la dinámica. Desde la culpa, la lengua minorizada es una lengua de los buenos, a la que han puteado los malos. Desde la dinámica, una lengua minorizada es simplemente una lengua innecesaria. Y en el infantil mundo del “como-si”, hacemos como si no fuera innecesaria. Eso es “normalizar una lengua”. Hacer como si no fuera innecesaria.

Hay que entender al futbolista del Bildustán. Vive en un mundo a “normalizar”. Todo a su alrededor es normalización. Como si … por ejemplo … el vascuence fuera una lengua igual que la otra lengua. ¿Por qué tiene que saber, el pobre, que hay muchas partes del mundo en las que no se dedican al “como-si” lingüístico? Después de todo, sólo es un futbolista. Lo mismo pasa con los periodistas enfadados. ¿Por qué tienen que saber las cuitas “como-si”, de cada zona de cada equipo que les visite? Sólo son periodistas deportivos. Total, conflicto.

¿Tiene arreglo la cosa? No mucho más allá de asumir el conflicto. Aceptar, unos, que hay gente que vive en “como-si”. Y otros, aceptar que cada “como-si” no puede ser universal, porque las anormalidades son muy particulares. Por definición de normal, vaya. Pero se podría intentar un acuerdo. Nosotros hacemos como si nos creyéramos que la lengua a normalizar os resulta necesaria; y vosotros hacéis como si creyérais que no todo el mundo tiene por qué tragar vuestro “como-si”. Y en este caso futbolero podría funcionar tal que …

– Bueno, ¿vais a dejar de hablar en jerga?

– Vale. Pero no seáis tan así. Sólo una pregunta más, de forma que quede claro que para nosotros es “como-si” el vascuence fuera una lengua galáctica, pero que comprendemos que vosotros no tenéis que tragaros necesariamente ese “como-si”.

Ningún problema. Conflicto asumido. Todos jodidos, pero poquito. Salvo que lo que se trate es de que sí haya problema.

Vascuence por saco