A primera vista, sin leer el texto, apostarías a que se trata de un cartel de publicidad de British Petroleum o de Iberdrola. Verde que te quiero verde, y todos somos muy buenos. Menos los malos, que son muy malos.

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Ah, no. Ese no era. Perdón. Se han mezclado. El del Vaticano Científico es así:

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La Iglesia se ha hecho confuciana. Si no los puedes combatir, únete a ellos. Y suena normal en una institución capaz de sobrevivir 2.000 años, sin despeinarse al saltar de Francisco de Asís a la Inquisición, o de la Inquisición a Francis Pope. ¿Galileo, Darwin? ¡Minucias!

Nada que objetar si la Iglesia piensa que sus fieles tienen mucho interés en un seminario vaticano sobre Las dimensiones morales del cambio climático y el desarrollo sostenible. Es un asunto interno de una fe reiligiosa el decidir si se apuntan, además, a una fe laica de moda. Más difícil es entender que los críticos de la fe del IPCC, que se supone que son críticos por la ciencia, quieran participar en la movida.

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Por una parte parece bastante ingenuo pensar que Francis se vaya a sentir muy impresionado por lo que le digan sus fieles — o algunos entre sus fieles. Después de todo, se supone que tiene comunicación directa con Dios, ¿no? Si hablas con Dios, la opinión de los turistas como que se queda sin ningún peso. De los turistas; de los científicos; de la razón; de la realidad; y de cualquier cosa que no sea Dios. O somos, o no somos. O somos voceros de Dios, y poseemos la razón de la moral de Dios; o somos unos pringados como cualquier vecino, y tenemos que hacer cartelitos publicitarios copiando el sugerente diseño de Iberdrola.

Pues con los críticos de la alarma del clima pasa lo mismo. O argumentan desde la ciencia, y entonces hablan como la ciencia; o hacen campañas para que le escriban a Francis, y entonces están politiqueando. Pero si hacen lo segundo, le están dando cancha al Vaticano Científico en la discusión. Que es exactamente igual que darle cancha a Al Gore o a Obama. Pero el Heartland nunca ha hecho campañas para que los seguidores del partido demócrata les escriban a Gore o a Obama. Lo que hacen -y con razón- es descojonarse de las burradas que largan esos dos políticos. Y otros. Y eso es lo que deberían de hacer con Francis Pope y con la “ciencia vaticana”.

Por ejemplo, los objetivos del seminario en cuestión, son:

Concienciar y crear un consenso de que los valores del desarrollo sostenible se corresponden con los valores de las principales tradiciones religiosas, con un foco especial en los más vulnerables. Elevar el debate en las dimensiones morales de proteger el medio ambiente, antes de la encíclica papal (*) [–>]. Y ayudar a crear un movimiento global a través de todas las religiones, para el desarrollo sostenible y el cambio climático, en 2015 y más allá. [–>]

Fuera de la religión (y del IPCC) debate y consenso son incompatibles. Debate [DRAE –>] es controversia; contienda, lucha, combate. La idea de que gente distinta presente los contradictorios aspectos de una teoría, y de la realidad conocida, para que los asistentes puedan alcanzar un contexto completo de la cuestión. “Concienciar” y crear un “movimiento” es el proceso exactamente contrario. Por ejemplo, el consenso que le encalomaron a Galileo.

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Que Francis confunda debatir y concienciar es completamente natural. Para eso es el guía de -justamente- un “movimiento”. Una fe. Pero los demás, o vamos a setas, o vamos a Rolex.

Nota: Seguimos proponiendo que la esperada encíclica se llame Calefactio Mundi.

Calefactio mundi utroque concludaturque mel, sed ne soleat verear instructior, putent virtute eleifend eos at. Eu latine laoreet fabellas sea, nusquam tibique omittam mea in. Sit ea persius similique conceptam, affert assentior mea ad. Ferri debitis mentitum ei qui. Ne pri patrioque scribentur, vis simul dicam ex. Sed atqui dicta offendit ex, mea ut salutandi percipitur, an has timeam utroque.

Nota 2. No por obvio hay que dejar de recordarlo. La iglesia (y la sociedad, economía, etc) de cuando la Inquisición era completamente “sostenible”. Su energía procedía, o del músculo (renovable), o de la leña (renovable). Y quemaban herejes, igualmente renovables. Y también debía de ser del todo coherente con las “principales tradiciones religiosas”. ¿Y eso es bueno? Porque lo que resulta más delicado es que tal coherencia nos vaya a llevar a aplaudir a Francis, en su idea de volver a aquella época.