Breve entrevista, muy fácil de seguir, con Freeman Dyson. El último gigante de la ciencia pre-posmoderna (pre-consenso). Y una ducha de sentido común. Me encanta -aparte de lo obvio- cuando explica que está muy fuertemente en desacuerdo con mucha gente, pero que no piensa que sean “malos” por pensar diferente. El asunto de CO2, el clima, y una catástrofe imaginaria, es un sistema de creencias que no entiende. Pero tampoco pretende entender por qué creen lo que creen.

Obviamente no puede ser por lo que sabemos. Porque sabemos que los efectos no climáticos del CO2 son beneficiosos. Mucho. La vegetación de la tierra aumenta por el CO2, y con ella toda la vida. Y está bien medido desde los satélites.

Los efectos climáticos son menores de lo que pensaban. Los modelos del clima son interesantes para examinar algún elemento parcial del sistema, pero ni tienen ninguna capacidad predictiva, ni siquiera se ha esperado nunca que la tengan. Y aunque no está en cuestión -ni ha estado desde hace muchas décadas- que el CO2 tenga algún efecto en la temperatura, la cuestión es cuánto efecto, y si ese efecto es beneficioso o perjudicial.

Dyson apuesta por beneficioso. Y sumado a los efectos no climáticos, con claridad beneficiosos, le parece absurdo intentar disminuir el CO2.

Dyson ha sido todo lo que se puede ser en física. Menos doctor, que nunca le ha interesado. Y premio Nobel. Weinberg decía que el comité Nobel había “desplumado” a Dyson, pero Dyson explica que no le va: invariablemente hace falta dedicarse a un problema profundo e importante durante más de diez años, y ese no es su estilo. Difícilmente, si se ha dedicado a la matemática pura, electrodinámica cuántica, física del estado sólido, astronomía, ingeniería nuclear, clima, y hasta a la guerra nuclear como asesor de los militares (Grupo Jason). Mayormente, para que no tiren bombas.

Cuando oyó a un generalote proponer tirar de vez en cuando alguna bomba nuclear en la guerra de Vietnam, pidió permiso para hacer un estudio e informe. El Tactical Nuclear Weapons in Southeast Asia. Fue lo suficientemente bueno y objetivo como para que las dos partes en debate lo usaran como base. Y al final les convenció con una simplicidad digna del genio: los objetivos de nuestros enemigos son grandes (por ejemplo, Los Angeles) , y los nuestros son pequeños (por ejemplo una aldea perdida en la selva). Se acabó la discusión.

Tiene un puesto de por vida en el Institute for Advanced Study de Princeton. El de Einstein, con quién coincidió allí. Y de Dirac, Oppenheimer y Von Newmann. Fue Oppenheimer quien le llevó al Instituto, como premio por convencerle de la validez e importancia de los diagramas de Feynman. Aparentemente, Dyson fue el único en darse cuenta — además de Feynman.

En todo caso un tipo especial, aparte de un sabio de primer orden. Siempre insiste en que la ciencia, para ser creativa, tiene que ser subversiva. Herética. Y se ha tirado como unos setenta años en la idea (ahora tiene 91).

Dedicado al consenso, con mala leche:

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Nota: Al revisar la entrada de Wikipedia [–>] para rescatar datos y chascarrillos sobre Freeman Dyson me he dado cuenta de algo que no sabía. También coincidió con Hal Lewis entre los primeros miembros del grupo Jason. Entre 30 y 60 científicos, de primer nivel, que asesora al gobierno USA en materia de ciencia y tecnología. Principalmente en materia militarmente sensible. Lewis destacó en la discusión del clima, al dimitir en 2010 de la APS (Asociación Americana de Física), por el apoyo de la APS al cuento del calentamiento global. En su carta de despedida afirmaba que el calentamiento global es “el mayor y más exitoso fraude pseudocientífico que he visto en mi larga vida como físico”.