He tirado el café sobre el teclado. Los mismos cafres que agredían e insultaban a Sosa Wagner por haberse atrevido a sugerir un acercamiento de UPyD a Ciudadanos, son los que ahora abandonan la dirección de UPyD … ¡por no quererse unir a Ciudadanos! Flipante. De no creer.

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Además de una perfecta indecencia, es una gilipollez. Porque espero que no se le pase por la cabeza a Rivera admitir a unos okupas así en sus filas.

Querido Paco:

va a resultar difícil que alguien te iguale en mezquindad.

Pero mejor no hablar de esa Irene Lozano nada mezquina. No tiene la entidad necesaria. Aquí hay una lección mucho más interesante. Y no es divertido darle lanzadas al moro muerto. Pero manda narices que esta fuera la buena gente fiel que quedaba en UPyD, después de tantos procesos de depuración en los que los críticos de la autocracia fuimos abandonando el chiringuito particular que se había montado Rosa Díez.

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Eran unos desleales y canallas, según el perro de presa del partido. Nada que ver con la depurada crème de la crème que no veía ninguna falta de democracia interna en el partido, y la creación de un chiringuito personal — engañando a los votantes.

Carlos Martínez Gorriarán:

… eran tres personas empeñadas en imponer su tabarra sobre “democracia interna” –básicamente, ésta consiste en pasarse las normas por el arco del triunfo y en imponer sus muy minoritarias opiniones a cualquier mayoría- a otras cuarenta personas incapaces de aguantar ni un segundo más su doble moral, su retorcida estulticia y su canallesca deslealtad.

Estupendo. Porque los canallas desleales ni vivían de la política, o del partido, ni tenían la menor expectativa al respecto. Nunca ha habido esperanza alguna en el País Vasco de ningún cargo — más allá del reservado para Gorka Maneiro desde antes de que UPyD existiera oficialmente. Sí existía la realidad de la poca gracia que tiene repartir propaganda de un partido tan poco favorable a los terroristas, a cuerpo descubierto. Y la de quedar señalado por haberlo hecho.

Pero la canallesca deslealtad abandonó el partido. Y otros fueron expulsados, por abrir la boquita. ¡Michelines fuera!, que diría Arzalluz. Y ahora por fin ya hay un partido que es la  esencia de la lealtad. A la persona, que no a las ideas. Pero es lo suyo, si se trata de la persona. Salvo que algunos listillos parecen confundir la lealtad a la persona con la lealtad al carguete. Y no se dan cuenta de que esa lealtad dura lo que tardan en llegar los malos tiempos.

Son unos artistas en la creación de equipos humanos. Porque, al no poderse disculpar en que Irene Lozano (y los otros) sean un fallo de la democracia interna, por ser gente cooptada, la responsabilidad sólo puede ser culpa de la autocracia.

Muerta UPyD por totalitarismo interno, espero que esta sea la última entrada de la lamentable sección sobre el partido mentira. Aunque sí espero que en Ciudadanos tomen nota. Para no caer en lo mismo, y sobre todo para que no recojan la basura de UPyD. Cualquier cosa que Gorrirán y Díez hayan señalado como leal y no canalla, es del tipo de Irene Lozano. Muerden a quien critique al jefe … mientras el jefe tenga lo suficiente para repartir.  Porque su sistema de selección negativa lo hace inevitable.

Genios.