Del blog de la climatóloga Judith Curry.

Donde señala un trabajo recién publicado de dos economistas, ajenos a la discusión del cambio climático, en el que examinan la ciencia y la actividad de los científicos como mercado, y el “boom” de la ciencia del calentamiento global como “capitalismo de amigotes” pastoreado por un notorio “big player“.

Causes and consequences of the climate science boom. William Butos y Thomas McQuade.

Las disciplinas científicas, como las economías, tienen “booms” y descalabros. Documentamos un “boom” en la ciencia del clima, mantenido por niveles masivos de financiación por entidades gubernamentales, cuya dirección científica está guiada por una organización extra científica, el IPCC, que ha surgido como un “Big Player” en la arena científica, promoviendo la hipótesis del Calentamiento Global Antropogénico. Señalamos las dificultades en conseguir una claridad empírica definitiva debido a la compleja naturaleza del clima, las retroalimentaciones entre los efectos del activismo del IPCC y la financiación gubernamental de la ciencia, las agendas políticas e ideológicas en juego, los peligros para la integridad de los procedimientos científicos en el contexto de sesgo ideológico, y  el pobre rendimiento de las empresas de  “capitalismo de amigotes” que ha crecido a la sombra de una ciencia politizada.

Están describiendo lo que bien pudiera ser el mayor conflicto de interés de la historia de la ciencia. Pero al hacerlo desde el punto de vista de un mercado, y de la perversión de un mercado por incentivos completamente naturales (y herramientas perfectamente artificiales), resulta una explicación muy cabal y como de sentido común. Y muy alejada de una “teoría conspirativa”.

Y el caso es que se trata del mecanismo del que llevan hablando desde hace décadas gente como Lindzen y Spencer, y en general todos los llamados “negacionistas”. Algo por otra parte obvio para quien mire ese tinglado montado entre gobiernos, ONU, IPCC, multinacionales ecologistas, y el mundo de las finanzas de “amigotes”. Pero, en este trabajo, con una explicación estructurada y sostenida en un esquema de teoría económica muy desarrollado.

Por ejemplo, el cambio que produce la existencia de un “Big Player” como el IPCC en los incentivos de un científico joven para interesarse por alternativas a la ortodoxia. Estudiar alternativas es una inversión que conlleva un riesgo. Si se equivoca siguiendo la ortodoxia, se equivoca en compañía de muchos, y no hay penalización. Si se equivoca con una versión alternativa, sufre un gran descrédito. Y para juzgar el riesgo, la herramienta es examinar el peso de las pruebas que sostienen la ortodoxia. Pero la presencia de un Big Player del tamaño  del IPCC produce un “efecto rebaño” que asegura la continua aportación de evidencias sesgadas a favor de la ortodoxia. Y con ello, su supervivencia artificial como teoría dominante. Lo que hace que la apuesta por la investigación de alternativas tenga un incentivo inexistente — con independencia del peso real que tenga la evidencia que soporta la ortodoxia.

La mecánica la conocíamos y la veíamos desde hace mucho tiempo. Hasta novelistas como Michael Crichton, en su State of Fear. Pero Butos y McQuade han diseccionado todos sus elementos y las interacciones entre ellos, explicando cómo surge un fenómeno emergente a través de un “mercado” completamente pervertido.

Incluye muchas cifras para tener una perspectiva en dólares. Y para que se te escape un carcajada ante la idea de la financiación perversa de los “negacionistas”.

Pielke Sr. está de acuerdo:

pielke-sr-mercado-alarmista