A la gente tiende a parecerle más o menos trivial cuando se entera que Big Brother tiene y guarda los metadatos de sus comunicaciones. Después de todo, ¿no tiene las conversaciones propiamente dichas, no? No, normalmente no. Sólo las guarda un tiempo, y luego las borra porque no puede guardar tantas. Pero guarda los metadatos de todo potito. Y fíjate en esta idea:

El FBI pudo conseguir los registros de teléfono de Kim, los de Rosen, sus emails, los registros de entrada del edificio del Departamento de Estado, incluso los momentos precisos en los que Kim accedió el informe de inteligencia de Korea del Norte en la computadora de su oficina. El conjunto de datos electrónicos mostraba cuándo, dónde, y durante cuánto tiempo hablaron Kim y Rosen, aunque no lo que hablaron. Esto muestra el poder de los metadatos.  Para acusar a alguien bajo la Ley de Espionaje, el gobierno no necesita probar lo que se dijo en determinada conversación; sólo que habló, o se encontró, o dejó el edificio en determinado momento. EL abogado de Kim lo destacó en un comentario a la corte:

– El gobierno no ha proporcionado ningún email, mensaje de texto, o grabación de conversación que documente los contenidos de ninguna comunicación [el 11 de junio] entre el Sr. Kim y el Sr. Rosen.

Kim fue condenado a trece meses de cárcel, después de declararse culpable de proporcionar información clasificada a una persona no autorizada (Rosen es periodista). Se declaró culpable después de haberse arruinado y gastado todos sus ahorros en su defensa. Y después de haber acabado con los ahorros de sus padres y de su única hermana. Quien dice ahorros, dice -aparte del dinero y acciones- las respectivas casas, objetos de valor, todo. La alternativa eran 30 años de cárcel. ¿Conclusión? Mejor culpable pactado. Estaba en el mismo infierno que llevó a suicidarse a Aaron Swartz. También Kim pensaba en el suicidio todos los días.

Los metadatos esos tan triviales.

El periodista Rosen no lanzó ningún bombazo periodístico el 11 de junio de marras. Corea del Norte había llevado a cabo una prueba nuclear, y el gobierno USA estaba contemplando la reacción. Rosen escribió un artículo en el que decía que “según fuentes”, el gobierno pensaba que la reacción que se podía esperar a unas posibles sanciones del gobierno USA sería una segunda prueba nuclear. Pero eso era un comidilla en Washington. Muchos periodistas dijeron lo mismo, aunque otros dijeron cosas distintas.

Kim es un americano originario (de niño) de Corea del Sur. Si peca de algo es de ultra nacionalista americano, y anticomunista. El más imposible espía de Corea del Norte que se pueda imaginar. Su alegado motivo para hablar con Rosen es la incomodidad urticante que sentía ante la tibieza de la política USA con Corea del Norte. Pudo perfectamente consultar el documento secreto sobre Corea del Norte, al que tenía acceso legítimo, para ponerse al día de la situación general. Y pudo hablar con Rosen de la blandenguería del gobierno con Piongyang. Lo que no pudo es reunir los millones necesarios para defenderse del gobierno … y de los metadatos.

Obama prometió en su primera campaña electoral acabar con el abuso que se estaba cometiendo contra los que filtran informaciones inconvenientes para el gobierno. Si embargo, en sus cuatro primeros años, el gobierno Obama acusó a más “filtradores” que todos los demás gobiernos USA de la historia … sumados. Probablemente prefiere tener los “metadatos” a los datos de las comunicaciones propiamente dichos. Con eso puede crear una fuerte impresión de lo que le interesa sugerir, y a ver quién es el guapo que reúne los millones para combatirlo, y se arriesga a 30 años. Y la gracia es que los metadatos los tiene el gobierno, no la defensa. Son secretos por ley, y sólo los puede usar el gobierno. Por ejemplo, la defensa no tenía acceso a los metadatos del teléfono de Rosen, para ver si había hablado también con otros que tuvieran acceso a la misma información.

Fuente, The Intercept. Es largo, pero muy interesante y bien escrito.

stephen-kim-the-intercept