La noticia es conocida, pero no se le ha dado importancia. Cataluña, que ya era Maketolandia en tiempos de Sabino Arana, ahora quiere ser parte de Mahomalandia. Como el “fet diferencial” obliga, fomentan y facilitan la inmigración que no hable español. O sea que putean a sudamericanos en beneficio de la tropa tapa-mujeres, y ahora hay ayuntamientos que quieren prohibir el “burka”.

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Parecería que no hay gran problema. Allá los catalanes con lo que fomentan, y con las consecuencias de sus fobias. Pero el argumento del TSJC es una bomba de relojería.

En un auto recogido por Europa Press, el alto tribunal esgrime razones de “derecho de libertad religiosa” para permitir este atuendo en el espacio público.

Y así es como empiezan los problemas tipo Charlie Hebdo o Salman Rushdie. Convirtiendo un derecho individual, como puede ser el de culto religioso, en un derecho colectivo como sería el de uniformar a los que practican el culto. No es nada raro que la sentencia sea del TSJC, con el ambientazo que allí hay a favor de que las identidades hagan marionetas de las personas.

Vamos a tratar de explicárselo a los jueces de Maketolandia. Si el burka fuera un asunto de religión (que no es ni de coña), ese sería el principal motivo para prohibirlo. Y si fuera un asunto cultural (que sí es), lo mismo. Porque la idea de que llevar el burka es algo que incumbe solo a la libertad de cada mujer de llevarlo o no llevarlo, es ignorar lo más elemental de la dinámica de grupos y sociedades humanas. En cuanto hay un ambiente suficiente de que llevar una prenda (o hablar una lengua, etc) define la pertenencia al grupo, o la conducta adecuada en el grupo, cualquier pretensión de libertad ha desaparecido. Porque sólo es libertad en el sentido de libertad de abandonar el grupo. Pero abandonar el grupo, para los humanos, no es exactamente una decisión libre. La mayor parte no saben funcionar sin grupo, y abandonar el tuyo no implica que te vayan a aceptar en otro.

Sí, claro; siempre puede haber una heroína que desafíe la orden no escrita. Pero en el momento que defines burka como cuestión de religión, has cambiado una decisión de libertad en una decisión de héroe. Salman Rushdie tiene la libertad de criticar algunos aspectos del islám … solo si está dispuesto a joderse el resto de su vida a cambio. Lo que están haciendo estos jueces -seguramente encantados con el totalitarismo lingüístico e identitario- es facilitar que los tapa-mujeres obliguen a sus chicas a circular disfrazadas de momias.

Y es que no falla nunca. Esos alegados “derechos colectivos” siempre son el “derecho” de quitar la libertad a los miembros del colectivo. Y da igual que el colectivo sea una religión, una etnia, un género, una afición sexual, una secta, o lo que sea. En cuanto es grupo, o identidad, y le dotamos de “derechos especiales”, nos cargamos todo el camino que hemos andado en civilizar (ciudadanizar) y controlar del poder de las religiones, tribus, y prodigios.

No se trata de “respetar” las religiones, identidades, y maravillas. Es justamente lo contrario. Se trata de civilizarlas — que sólo es limitar su poder sobre sus individuos.

Añadido, para la discusión:

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