El periódico “El Mundo” titula hoy una de sus noticias, “El PSOE sólo quiere ya a Susana Díaz como candidata“. Parece un titular muy rotundo, pero hace días que se observan movimientos en el sur, pues el PSOE no remonta en las encuestas, Pedro Sánchez manifiesta desorientación con Cataluña, declaraciones erráticas como las del Ministerio de Defensa o el art. 135 de la Constitución, y da, en general, la impresión de inconsistencia e improvisación. Sólo le faltaba perderse hasta con el GPS.

Por eso uno tiene la sensación de que el PSOE tiene prisa en asentar un nuevo liderazgo que frene la caída e impida que “Podemos” pueda continuar su construcción de hegemonía en la izquierda a su costa. Y Susana Díaz parece la persona adecuada para asentar el PSOE en la izquierda del centro, hacer políticas de Estado en Cataluña, antiterrorismo yihadista, posible reforma constitucional, entierro del sectarismo anti PP y definición, en general, de una orientación màs consistente y estable, y menos errática.

Parece indudable que “Podemos” está teniendo un efecto revulsivo sobre el sistema político, haciendo de catalizador de una reforma del régimen del 78, que, en mi opinión, debería enfocarse a la modificación de la fórmula electoral (arts. 68 y 69 de la Constitución, y ley de régimen electoral general) y del título VIII de la Constitución, referente al Estado Autonómico. Ambas reformas podrìan llevarse a cabo por el procedimiento de reforma menos rígido, y podrían lograr un consenso amplio de PP, PSOE, CIUDADANOS y UPyD, a fin de lograr un règimen más representativo y autèntico, que desmontara la oligarquía cleptocrática existente, y de vencer la perversión etnonacionalista del Estado Autonómico y las tendencias a la balcanización del país.

Un pacto de Estado por la Regeneración democrática y la reforma constitucional podría reducir el “efecto Podemos” a una dimensión asimilable, y evitar el derrumbe del Règimen reformándolo.

Susana Díaz podría ser la persona adecuada para desbloquear el PSOE y el sistema político. Me parece mucho màs deseable esta reforma que los inventos de “terceras vías” para satisfacer el nacionalismo etnicista, o el inmovilismo en la fórmula electoral actual, creadora de oligarquía partidaria, corrupción, y deslegitimación del sistema de libertades.