su misión a cumplir estaba bien definida: dedicar por entero su prestigiosa carrera, así como sus privilegiados resortes, a desprestigiar, calumniar y, en definitiva, a atacar a ETA [El País –>]

Por tanto, ETA asesina al periodista José María Portell, en un primer paso de su conocida estrategia de defensa de la libertad de expresión. Era 1978.

En 2001, a cuenta de asesinato de Santiago Oleaga, del Diario Vasco, lo explican [–>] más detalladamente:

Meses después de este asesinato, los diarios Gara y Euskaldunon Egunkaria publicaron una entrevista con supuestos representantes de ETA. De manera general, trataron de la situación política y justificaron sus acciones. Nada de particular. En un momento determinado, los dos periodistas (Martxelo Otamendi, director de Gara, y Mertxe Aizpurúa, directora deEuskaldunon) formularon a sus interlocutores tres preguntas relacionadas con los atentados contra medios de comunicación y sus representantes:

– ¿Las acciones contra medios de comunicación y periodistas no vulneran gravemente la libertad de expresión?

– No, en nuestra opinión, no vulneran la libertad de expresión. Al contrario: actuando contra pseudoperiodistas y los medios de comunicación que se muestran a favor de la opresión en Euskal Herría, se ganan espacios para la libertad de expresión. Hoy en día, la libertad de expresión sigue siendo un derecho a conseguir.

– ¿Por qué son objetivos?

– Son asalariados de un Estado y de unas fuerzas armadas extranjeras, disfrazadas de periodistas. Trabajan codo con codo, no respetan la deontología periodística, promueven la guerra. No hay más que leer los editoriales de El Correo Español y El Diario Vasco para comprobar la función que cumplen en Euskal Herría. No quieren la paz.

Parece difícil exponer con mayor claridad cómo piensan los etarras y su tribu que se “ganan espacios para la libertad de expresión”.  Por no mencionar su idea de “la paz”. ¿Es sorprendente que se trate del mismo procedimiento que utilizan los violadores de huríes?

huries

No parece que sea muy sorprendente. Si un paraíso imaginario es más importante que las personas de carne y hueso, y si el mundo se simplifica en la lucha sin cuartel de “nosotros” contra “ellos”, en lugar de unos esquemas razonables de convivencia, la solución más obvia es Charlie Hebdo. O Portell, Oleaga, Lacalle, y la larga lista de los otros periodistas  que intentaron asesinar, pero no llegaron a. Porque es lo mismo.

Nota. Datos e idea sacados de una entrada del blog de Nerea Alzola:

Añadido.