Es lo primero que te viene a la cabeza. Inevitablemente. Cruel asesinato terrorista en París. Y aun más cruel vídeo (no lo he visto, pero no hace falta) del pistolero político rematando al policía Ahmed en el suelo, antes de huir. Y el mundo es un clamor, claro. Incluso entre los aplaudidores y comprendedores de ETA. ¡Esto es el horror!

Y también nos sentimos muy ofendidos de los que salen rápido a decir que “Occidente también asesina”. O por clérigos musulmanes radicales que anuncian que “musulmanes y no-musulmanes tienen que comprender las consecuencias de insultar a Mahoma [–>]. ¿Seguro que eso es muy diferente de lo que oímos por aquí? ¿Acaso no decimos que es que hubo Franco, y no sé qué?

Y luego, los templagaitas. No se puede confundir a los radicales con todos. No todos los musulmanes son fanáticos. ¡Ni todos los vascos, no te jode! ¿Y? ¿Acaso no facilita la existencia de fanáticos el que un porcentaje muy notable de la población les aplauda, les comprenda, y nunca nunca denunciaría a un asesino — porque es de los nuestros y es “política”? O conflicto, ejem. O cualquier otro término manifiestamente amable y comprensivo.

Sí, aquí siempre resulta especialmente incómodo el horror de fuera, y la vista del mundo horrorizándose. Porque es el espejo que refleja todo lo que no nos hemos horrorizado nosotros, cuando de nosotros se trataba. Y porque un 25% (es a ojo) de la juventud de Vasquilandia comprendiendo perfectamente la idea de rematar al herido en el suelo, es exactamente igual que un 25% (está medido) de la juventud musulmana en el Reino Unido con la misma actitud. También es exactamente igual el – no se puede hablar mal de ellos porque no todos son asesinos. Ni siquiera radicales. Estupendo. ¿Y si no hablas mal de ellos, cómo esperas que ellos presionen a sus radicales hasta hacerlos desaparecer? ¿Con aplausos? ¿Por un ataque repentino de civilidad? ¿De quién; del que está encantado con el remate del herido en el suelo? ¿Del que dice que se trata de violencia “política”, como si la violencia política no fuera mil veces peor -por sus efectos y alcance- que la violencia entre particulares?

¿Y no atentaban contra periodistas aquí?

El parlamento vasco tenía que dar la nota.

Había un problema. Una frase en la declaración intentada y fracasada:

“Por haber sufrido durante muchos años los efectos criminales del fanatismo, el País Vasco siente de forma especial la agresión perpetrada en París contra la convivencia y la libertad de expresión”

Y la verdad es que yo me he quedado exactamente igual de perplejo que los etarras. No suena muy normal tener organizada una lavandería de terroristas y aplaudidores, al por mayor, y de repente abrir la puerta para permitir que se vea la ropa sucia. Pero estamos en lo de siempre. Montando la lavandería, pero haciendo como que no hemos montado ninguna lavandería. Y la ropa sucia se cabrea. Normal.