No tienen poco mérito los de COVITE. Han decidido que ante la política de normalización del terrorismo, ellos van a explicar que el asesinato de inocentes no es de normales. Que nunca lo ha sido, y lo que es más importante, que nunca lo va a ser. Y que los hijos de puta que quieren pasar lo anormal por normal, solo son el síntoma de una enfermedad de la sociedad. Si les dejamos -y parece que COVITE está casi en solitario para impedirlo- lo que conseguirán es la más anormal y canalla de las sociedades.

Han dado en el clavo con la campaña de placas de recuerdo que están llevando a cabo. Placas como esta:

covite-placa-ejemplo

Los normalizadores de asesinos tienen por todas partes grandes museos de la paz y de la justificación. Tienen hasta a Pablemos, que asegura: Hay una explicación política. ¡Pues claro! Como otros asesinatos tienen una explicación sexual, y otros económica, y otros psicológica. Pero esos otros asesinatos, más -digamos- personales, no tienen una necesidad tan grande de memoria pública. Porque las vicisitudes de una persona no sirven para educar a otra; son diferentes. En cambio la “explicación política” vale lo mismo para todos. Es, por definición, pública. Y tienes dos opciones educativas.

A- No asesines. Nunca.

B- Si son los míos, es diferente. Se explica.

La diferencia es aspirar a una sociedad sin asesinatos políticos, o una sociedad donde los asesinatos como herramienta de hacer política tienen “explicación”. Pero explicación para todos, ¿vale?

COVITE prefiere lo primero. No asesines. Nunca. No “por estrategia”. No “ahora”, si me das lo que pido. Nunca. Y yo también. Y van poniendo sus placas, en el lugar de cada asesinato. En Sanse se las quitan. Mayormente el ayuntamiento. Pero habrá espontáneos también, supongo. Muchos. Estamos en el país de la “memoria histórica”, después de todo.

covite-placas-san-sebastianY ahora tenemos la guerra de las placas. Con COVITE sola ante el peligro. Plaquitas contra museos. Y los de los museos, histéricos.

Do not forsake me, oh, my darlin’,
On this, our wedding day.
Do not forsake me, oh, my darlin’,
Wait; wait alone.
I do not know what fate awaits me.
I only know I must be brave.
For I must face a man who hates me,
Or lie a coward, a craven coward;
Or lie a coward in my grave