Marod

¿Qué motivos pueden llevar a un tipo de 29 años con una buena posición a revelar un chorro de material sensible de espionaje de la nación más poderosa del mundo?

Sí, amigos, voy a desvariar un rato sobre E. Snowden, el espía con corazoncito.

Tras leerme el libro de Greenwald sobre las peripecias del amigo Snowden, me asaltan más dudas que a Rajoy en un congreso de Podemos. Y, dada mi natural inclinación al onanismo mental, unas cuantas reflexiones cuya respuesta, mi friend, is blowing in the wind.

Bueno como supongo que todo el mundo conoce la historia, haré un brevísimo resumen para situarnos. No sin antes recomendar la lectura de “Sin lugar donde esconderse”. Es un libro muy asequible, de lectura rápida, bien novelado, bien estructurado… y realmente sorprendente.

E. Snowden es un muchacho (29 añitos) bastante friki de la informática que, sin carrera universitaria ni nada pero con mucho talento, logra puestos técnicos de importancia en los servicios de inteligencia norteamericanos. Aprovechándose de su posición, destreza y “agujeros” de seguridad en la intranet de la NSA se apropia indebidamente de un chorro de documentos de alto secreto que entrega a unos periodistas de The Guardian US y The Washington Post.

A partir de ahí se monta un jaleo monumental de muchísimo ruido y pocas nueces. Año y medio después, a la fecha actual, se habla poco (mediáticamente, me refiero) Snowden y nada de las actividades de la NSA.

Lo primero que Greenwald (autor del libro y periodista que se encargó de ordenar, seleccionar y publicar los documentos) trata de dejar muy claro es la motivación de Snowden. Greenwald, a pesar de su pose de rebelde antisistema, tiene bastante temor de las repercusiones legales de sus actos (en un momento del libro en que The Guardian demora la publicación de sus artículos se ve tentado a hacerlo él mismo en solitario, pero desecha la opción por el miedo a las consecuencias legales). Es muy insistente en los motivos de Snowden y en los suyos propios que les llevan a la revelación de secretos nacionales.

Los motivos son obviamente morales. La NSA está haciendo algo muy malo, muy secreto y nos vemos obligados a que la verdad se sepa. Esto está muy bien para un periodista como Greenwald, ni siquiera debería recurrir a la moralidad de las acciones de la NSA, simplemente su ética periodística es suficiente para justificar que los ciudadanos tienen derecho a ser informados de posibles acciones ilegales que su gobierno hace sobre la población.

Es diferente para Edward… Snowden no fue contratado para informar al público de nada, y nunca fue su profesión o su vocación. Snowden justifica sus acciones en la inmoralidad de la NSA. Quiere que internet siga siendo libre y privada (loables intenciones).

Sin embargo, ¿es creíble un sacrificio semejante para salvar la privacidad de internet? Me refiero, no se trata de salvar vidas, hogares, niños famélicos ni nada por el estilo. No. Sólo la privacidad de las comunicaciones y publicaciones de la Red. No digo que no sea importante o muy deseable, pero… ¿tanto como para tirar una vida de éxito a la basura?. En el último caso ni siquiera era algo que a él le afectase (como hacker conoce los métodos para burlar la vigilancia… incluso mete el móvil en la nevera 🙂 )

Un tipo tan – descrito por Greenwald – inteligente y reflexivo, ¿No se planteó que muy probablemente no conseguiría nada? USA no va a detener sus actividades de vigilancia, y la Patriot Act tampoco se va a derogar. ¿Para qué tamaño sacrificio, entonces?

Hay un momento en el libro en que dice que le inspiran los héroes de los videojuegos y que quiere vivir conforme a sus creencias. A mi no me acaba de convencer, demasiado cándido para un tipo tan capaz. Además, con estos remilgos morales ¿Qué cojones hacía en la CIA y en la NSA? ¿Vio la luz allí dentro? A mi estas revelaciones místicas tipo conversión de S. Pablo me dan tufillo a excusa que marea. No me creo la pura satisfacción moral como ventaja obtenida por un precio tan alto. Otras ventajas debe tener para “tirarse al monte” de esa manera.

En cualquier caso, los motivos del bueno de Edward son secundarios. ¿Qué más dará? Lo principal es lo que estaban haciendo los espías americanos con una vigilancia ilegal, abusiva y una torticera invasión de la privacidad de las comunicaciones de -literalmente- millones de ciudadanos.

Gran escándalo… que duró un ¿par de meses? ¿tres?. Ni una sola dimisión, ni una sola modificación de la ley, ni una sola manifestación o protesta de nivel….¡Nada!. Pero nada de nada.

Bueno sí, Obama y su Ministro de Exteriores tuvieron que soportar las llamadas de cabreo monumental de la Merkel, de los Chinos, y de un montón de embajadores pidiendo explicaciones. Nada más.
Snowden vive exiliado en Rusia y sólo podrá pisar suelo americano para ser procesado por varios delitos… para nada.
USA dice que esas feas actividades se justifican por la Seguridad Nacional. Para prevenir atentados terroristas (joder, cualquiera dice que no). Pero quedó muy claro que se extralimitaban, y no un poquito… millones de poquitos. Una vigilancia con jueces secretos, masiva y generalizada no puede ser para prevenir terrorismo (o no sólo, vaya) y es absolutamente desproporcionado. Otra forma de prevenir el terrorismo islámico podría ser meter a todos los musulmanes en cámaras de gas, pero eso no lo contempla nadie en su sano juicio (tú no vales, Adolf).

Y ¿por qué no pasa nada?. Es ciertamente compleja esa respuesta. Hace algún tiempo se publicó una entrada en esta plaza que trataba sobre el prestigio de los asesinos.

Una de las causas que barajaba es la creación del mito de la lucha contra el poder. Oponerse a un poder tiránico y opresor. El débil contra el fuerte.

Pasa un poco esto con la democracia. Al organizar el poder como un sistema lógico de normas legitimadas en un concepto abstracto (la soberanía) y no en una persona (emperadores, reyes o príncipes), la cosa pierde “fuste”. Y al ser ese poder totalmente reformable por procedimientos objetivos la cosa no sólo pierde fuste, sino cualquier atisbo de resultar heroica, romántica o mítica. Y los humanos funcionamos muy bien con mitos y muy mal con lógica.

Un ejemplo lo vivimos la semana pasada. Imaginaros el mismo acto reivindicativo-festivo del 9N pero con la dictadura franquista. ¿qué hubiese pasado? Fácil, una ensalada de hostias, detenciones masivas, unos cuantos heridos y posiblemente algún muerto. ¡Que poder evocador! (como decía Brando en Apocalipsis Now… ¡me encanta el olor a napalm por la mañana!).

Ahí está el muro de hierro, golpearlo hasta derribarlo. Opone resistencia. El muro de Berlín es un símbolo potentísimo.

Sin embargo la democracia liberal es como pegarle un puñetazo a un colchón visco-elástico. Se deforma, se adapta y absorbe el impacto para recuperar inmediatamente su forma original. Los antidisturbios necesitan una orden para sacar la porra, y cuando les autorizan a sacar la porra tienen que ir suavecito para no salir en el TD solmenando hostias.

Esto tiene una clara ventaja (que compensa, ¿eh?) que vivimos mejor y más tranquilos, que podemos decir lo que queramos y que el gobierno no nos oprime. A cambio nos adormece y nos amansa.

En fin, ¿quien quiere hostias, habiendo libertad? Que le den a Snowden 🙂