El arponero ingenuo se ha buscado una explicación. El estafermo.

¿Cómo es posible que Rajoy tenga tan merecida fama de indolente en el ejercicio de sus responsabilidades y aparezca a la vez rodeado de una aureola de implacable liquidador de antagonistas, a medio camino entre el misterioso anfitrión de la isla de los Diez Negritos y el expeditivo señor Lobo de Pulp Fiction?

Ese modelo no existe en la vida. Nadie es tan zambo para la construcción y tan virguero para la destrucción. El pasmarote lo es igual para lo malo que para lo bueno y el hombre de acción nunca deja de romper huevos al tratar de hacer tortillas. Sólo el estafermo se mueve estándose quieto. [–>]

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Hay dos problemas que invalidan la metáfora. El estafermo devuelve con el saco un golpe con una fuerza exactamente igual el impulso que recibe en el escudo, y no puede dejar de devolver un golpe si alguien le agrede.

El mediocre -nada “fermo”- nunca devuelve un golpe si supone un riesgo. Y siempre utiliza la solución termonuclear, si alguien desarmado osa mostrar su mediocridad.

Sí existe en la vida el modelo que no encuentra Pedro J. Pero debe de ser muy difícil admitir que te descabalgue un Rajoy, cuando has sobrevivido a Felipe (con Corcuera de escudero), a Aznar, a Polanco, a Conde, a Botín, y a Rubalcaba. Entre otras cosas, un ejercicio así te llevaría a comparar la cuenta de resultados en el momento de cada enemigo.

Modelo: El débil, cobarde, y acomplejado, nunca va a devolver el golpe al fuerte. Se agachará, y esperará el tiempo que haga falta -rumiando su resquemor- hasta que el fuerte tenga un punto de debilidad. Además, con una característica especial. Para el acomplejado, “golpe” sólo significa una cosa: que lo desnuden. Que lo muestren como la mierda que es. El universo no tiene futuro suficiente como para que un Rajoy tenga tiempo de olvidar una ofensa de ese calibre.

El brillante arponero no encuentra modelo, porque no es normal encontrar débiles acomplejados en una situación de poder como la que proporciona nuestro sistema político a quien, más o menos por chamba, o por dedazo, cae en esa silla de la que no hay quien te saque. La famosa selección negativa que nos proporciona “líderes” como Rajoy, o Zapatero. O Pedro Sánchez; o la muñeca hinchable de bolsillo.

Menos lobos, Caperucita. El estafermo no es tal. Existe, tiene vida real, y es un fenómeno muy conocido. Lo que no era tan conocido es que ocupe puestos normalmente reservados para gente de alguna valía. Tu cuento es muy bonito, y un consuelo — para ti. Y tiene mérito; pero no explica nada. Es como el cuento Zapatero. Como Zapatero es subnormal, pasó lo que pasó. Como Rajoy es estafermo, pasa lo que pasa. Y todo es la mala casualidad de que un par de fenómenos improbables acabaron ocupando el puesto que no se suponía. Pero tantas casualidades seguidas no suelen ser casualidad. Casualidad sólo es una palabra muy útil que usamos para digerir lo que no podemos -o queremos- comprender.

Añadido. En todo caso está morbosa la pelea que tienen el El Mundo y Pedro J. O Casimiro (que debe de enetender muy bien a Rajoy) y Pedro J.

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¿Será la primera vez que un artículo en español es el mas leído en medium.com? Probablemente.

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