Desde algunos medios de comunicación —principalmente en internet— hace años que se viene denunciando la necesidad de medidas de Regeneración democrática para evitar la descomposición y explosión del régimen de libertades.

Lo que algunos denunciaban —denunciábamos— en estos escritos era que la existencia y sobrevivencia de un sistema electoral no representativo, basado en listas cerradas y bloqueadas que daban todo el poder de manipulación a las cúpulas oligárquicas de los partidos políticos, a lo que se sumaba una fórmula electoral proporcional que permitía un poder electoral determinante al bisagrismo nacionalista, en un sistema de bipartidismo imperfecto,  eran mecanismos constitutivos de una bomba de relojería en el núcleo del régimen del 78, que estaban pervirtiendo su carácter democrático y terminarían por destruirlo.

Junto a estos elementos patógenos señalábamos la inexistencia o deficiencia de controles derivados del mecanismo de la separación de poderes, como un poder jurisdiccional —constitucional y ordinario— independiente y eficaz, unos controles administrativos reales, tales como Tribunales de Cuentas, Interventores estatales, o Inspección Fiscal operativos, o un régimen jurídico parlamentario que garantizara la autonomía y capacidad del Parlamento para controlar al Gobierno.

Si a las deficiencias mencionadas, de un sistema representativo viciado, y una separación de poderes falseada, añadíamos una descentralización del poder demagógica y centrifugadora, las semillas de la muerte del sistema por metástasis corruptiva, oligarquía despótica, borreguismo popular y demagogia pseudosalvadora, estaban sembradas.

Hoy vemos como la libertad agoniza en medio de la anarquía y cómo crece el peligro de dictadura de signo todavía impreciso como solución a la crisis del régimen, porque lo que parece evidente es que la oligarquía imperante es incapaz de Regenerar el sistema, y el tiempo y la degradación se aceleran para conducir al país al desastre de su desintegración sediciosa y el desgobierno populista, sin que nadie, de momento, sea capaz de asumir el timón del país.

Pero lo peor de la situación existente es que su evolución probable es todavía para ir a peor, dada la baja calidad del liderazgo, la ausencia de sentido de Estado, la desesperación borreguil del rebaño popular, la emergencia de iluminados irresponsables, y el riesgo de desintegración o balcanización de España.

Por todo ello, inmersa en una degradación irrefrenable y  carente de fuerzas regenerativas, España se enfrenta a un destino ominoso: nuestros aliados occidentales deberían ser conscientes de que, en el sur de Europa, Al-Andalus se está transformando en una bomba de relojería para la libertad.