Supongo que se nota que la industria de la alarma del clima está de campaña. ¿O ya nadie les hace caso? Porque es posible que tengamos ocupada toda nuestra atención entre “mangamos”, y “podemos” llegar a mangar.

La alarma del clima es una industria que vende un producto. Se podría apostar que si los alarmistas del clima fueran un grupo de expertos sensatos, y el problema fuera el calentamiento global, te dirían qué cosas de las que van pasando empeoran el problema, y cuáles lo hacen menos grave. Especialmente si su conocmiento es tan poco preciso como que dicen que por doblar el CO2 esperan un calentamiento probable entre 1,5º y 4,5º. Y si se observa que el calentamiento va siendo en la parte baja del margen (en realidad menos), entonces es probable que el problema sea menos grave de lo que parecía. O menos urgente, y hay más tiempo para buscar la mejor solución y tener la mejor información.

Bueno, pues es una mala apuesta. Resulta que el problema es igualmente gravísimo con independencia de lo que vaya ocurriendo en la realidad. Y la solución siempre es la misma -danos dinero- y tiene la misma urgencia.

La climatóloga Judith Curry se pregunta, ¿cuan urgente es “urgente”?

Y se pregunta lo lógico. ¿Cómo es posible que las buenas noticias no afecten a la urgencia? ¿Cómo es posible que una falta de calentamiento -respecto de lo que predecían- no reduzca el problema, o al menos alargue el plazo de tomar decisiones graves? Porque además, el plazo es importante. Si La Pausa continúa hasta 2030 o 2040, y cada vez hay más estudios que están prediciendo eso, entonces no habrá forma de que nadie pueda creer en los modelos climáticos de los que nace la alarma.

Esto es clave. Si lees con atención la nueva campaña publicitaria alarmista, no dice en ningún momento que haya pasado nada malo de momento, sino que va a pasar. Y el “va a pasar” solo se basa en esos modelos. En el momento en que los modelos dejen de valer -incluso para el más entusiasta de los alarmistas- se acabó el “va a pasar”.

Por ejemplo [de El Mundo –>]:

La influencia del ser humano sobre los sistemas climáticos es clara y está creciendo, y sus impactos pueden notarse ya en todos los continentes. Si no se hace nada al respecto, “el cambio climático aumentará las probabilidades de sufrir impactos severos, generalizados e irreversibles para la gente y para los ecosistemas”, según el trabajo.

Suena terrible. Pero hay un volatín interesante. Lo que está claro y está creciendo (observado) es una “influencia”. Por ejemplo que la tierra se está haciendo más verde, y que los cultivos aumentan. Lo que es imaginario (modelos) es “impactos severos”. En cuanto los modelos se demuestren equivocados, se mantiene la influencia observada (bueno), y desaparecen los impactos severos imaginarios (malo).

En la misma línea, y sobre la misma campaña, este artículo del The Economist que nos manda Sefuela (@Sefuelix) no tiene precio. Clic:

alarmismo-climatico

Si lees el artículo no encuentras lo que esperas. No dice por qué los científicos están (casi) seguros de que el calentamiento es por culpa del hombre pecador. Solo hace mención a que ha ido aumentando la seguridad (probabilidad) en los distintos informes del IPCC. Hasta el 95% que dice el último (2013). Pero no dice cómo aumenta la seguridad.

Es uno de los secretos mejor guardados. Muchos científicos se han preguntado cómo puede ser que un menor calentamiento del previsto produce una mayor seguridad, pasando del 90 al 95% entre los dos últimos informes. Lindzen y Curry señalaban esa paradoja. Y la gracia, aunque no te la puedas creer, es que la seguridad aumenta … ¡¡¡precisamente por la falta de calentamiento!!!

¿Que no? Mira: Si la teoría (los modelos) dicen que el humano produce por ejemplo entre 0,1 y 0,2 grados por década en el mar, y solo observamos 0,08 grados por década (la mitad), entonces estamos todavía más seguros de que ese calentamiento observado es culpa del hombre. ¡Porque no tenemos otra forma de cuadrar las cuentas, hombre!

O sea, si hay mucho calentamiento, malo; y si hay poco, también. Te pilla el toro pase lo que pase. Y tú pon la pasta, porque tenemos una alarma.