Algunos se desesperan, aunque cada cual lo toma de formas diferentes.

Por ejemplo, Luis Bouza-Brey [–>]:

Este año hubo menos gente que el anterior: la Plaza de Cataluña estaba casi vacía por su periferia, y en el Paseo de Gracia había la misma cantidad de gente que el pasado año.

Resulta poco esperanzador que, en la situación gravemente crítica en que nos encontramos, el número de gente que acude a defender la unidad de España frente a los sediciosos no aumente. Se pueden encontrar diversas justificaciones para ello: miedo, día festivo, desconfianza de las manifestaciones y su valor, etc… Yo sólo encuentro una razón convincente: un síndrome de cobardía, ignorancia e indignidad, en un pueblo incapaz de valorar la unidad de la Patria frente a sediciosos etnicistas reaccionarios.

Francamente, siento vergüenza de este pueblo. ¿Se puede vencer así a los nacionalistas?

O José García Domínguez:

Nada más fácil que reconocer a un nacionalista español: lo son todos los que dicen que el nacionalismo español no existe. Y es que el nacionalismo español, que haberlo haylo, se avergüenza de sí mismo. Es su seña de identidad. Demasiada apropiación indebida a manos de la carcundia. Demasiado folclore iconográfico con aroma a alcanfor. Demasiada caspa. El nacionalismo español, que claro que existe, no se atreve a salir a la calle por eso. Un problema estético en última instancia. Véase, si no, el caso catalán. En Barcelona, y únicamente con los votantes de Ciudadanos, que van para trescientos mil, se podría haber montado una bullanga callejera similar al alarde norcoreano del 11 de septiembre. Igualita. Pero no. A la concentración de la Plaza Cataluña acudieron los cuatro gatos de siempre. Ni uno más. Treinta mil almas calculan los organizadores con algún optimismo militante. Nada con sifón.

El amigo Luis entiende que debería de haber nacionalismo español si queremos no ser ahogados por los etno-nacionalismos. (Etno-nacionalismos de etnias imaginarias, pero ese es otro problema). Yo no sé si tiene razón. Pero sí creo que hay que contar con la realidad. Y la realidad es que en España no hay un sentimiento nacionalista extendido. Si por nacionalista entendemos lo que se suele. La exaltación de la “identidad nacional” (sea eso lo que sea), y el intento de imponer esa idea identitaria a todos los habitantes de la cosa. ¿Eso es bueno; es malo? No sé si importa mucho. Lo que importa es que *es*. Que es así.

En Escocia no le dieron la vuelta a las encuestas, que apuntaban separación, a base de Britannia rule the waves. Tampoco me da la impresión de que en Canadá lo hicieran despertando el sentimiento nacional canadiense. Y como lo que no puede ser, no puede ser, parece mejor si pensamos en lo que sí puede. Además, estamos ante un problema delicado comparable -por ejemplo- a una lucha contra el terrorismo. Conviene hacerlo sin convertirte en terrorista a tu vez. Como decía Borges, no nos comemos a los caníbales.

Si queremos combatir los etno-nacionalismos a base de cierta racionalidad, y de una idea tranquila de ciudadanía no identitaria, no podemos andar echando de menos la exaltación de millares de banderas en las calles. Y si quieres miles de banderas, deberías de pensar antes con cuántos nacionalistas cuentas. Y las cuentas dicen que por ahí no. Así que, salga o no salga, parece que los números indican que estás casado con la estrategia tranquila.