Una mini entrada aprovechando el trabajo de Pedro Larrauri en su blog. Por resumir.

Es una cuestión bastante simple. O bien en UPyD creen en la democracia interna en los partidos, o bien no. Pero si creen en ella (eso dicen), y creen que tienen democracia interna (también lo dicen), entonces tienen una idea muy -digamos- particular de la democracia.

El primero congreso de UPyD, con su candidatura alternativa, ha sido el único momento en el que se ha discutido -así sea por lo bajini y de perfil- la democracia interna del partido. Un poco de risa, porque oficialmente nadie escuchaba los argumentos alternativos – que ocurrían en la plaza. Pero contestaban a los que les parecían más fuertes, sin decir a quién o a qué estaban contestando. Y sobre la cuestión concreta de la separación de poderes, el mismo Gorriarán del artículo de ABC “La democracia en los partidos” [–>], escribió con dos cojones que la separación de poderes dentro de un partido es absurda. Literal: absurda. Porque sociedad y partido son muy diferentes, y en la sociedad hay intereses diferentes, mientras que en un partido no debe de haberlos. Acababa de inventar el partido totalitario en su más geniuna expresión. No sé si podré encontrarlo. Estoy hablando de memoria, pero bastante seguro de lo que digo.

Veamos, con la ayuda de Larrauri, y aprovechando el ejemplo del caso Sosa Wagner, cómo funciona la “democracia interna” de UPyD.

– El Consejo de Dirección es un órgano cuyos miembros están elegidos a dedo por Rosa Díez. Una candidatura cerrada que gana o no gana la elección en un congreso. Representa lo que decida a mayoría de los miembros del congreso.

– El Consejo Político está elegido, miembro a miembro, en el mismo congreso. Representa también la misma mayoría. Pero por si hubiera problemas, tiene un porcentaje no despreciable de miembros que salen, no de esa elección, sino de a estructura (aparato) del partido.

Hay dos órganos que pueden controlar lo que hacen los representantes de la mayoría:

– La Oficina de Buenas Prácticas, tiene tres miembros. Dos elegidos por el Consejo de Dirección, y uno por el Consejo Político.

– La Comisión de Garantías sale de una lista cerrada. En principio, quien quiera puede hacer una terna elegida a dedo, y presentarla para su elección en el congreso. Pero por definición gana la terna que presenta la candidatura que saldrá vencedora.

En resumen, todos los miembros de todos los órganos de control son representantes de la misma mayoría a la que representan los órganos de gobierno. Es como si todos los miembros de -por ejemplo- el CGPJ fueran nombrados por el partido que gana las elecciones.

Pues aun así, a veces hay fallos. Como el caso Sosa Wagner que nos sirve de ejempo. Uno de los tres miembros de la Oficina de Buenas Prácticas era partidario de la propuesta herética de Sosa Wagner. Y el totalitarismo siempre es amante de la unanimidad. Así que nada como empezar por expulsar al miembro díscolo del órgano de control, y después dedicarse a controlar … ¡¡¡a la oposición!!!

Lo puedes ver en todos sus detalles y esplendor en ca’n Pedro Larrauri: