Conversaciones. Una entrada de en su blog

Otro año más sin enseñar Filosofía

Otro año más sin poder dar clase de Filosofía en castellano, por el hecho de no tener acreditado el nivel de Euskera. Nada importa la experiencia, el curriculum, el reconocimiento de alumnos y compañeros o las competencias demostradas en tantas sustituciones. No es posible enseñar a Platón, a Descartes o a Marx si no demuestras un conocimiento suficiente de refranes y expresiones comunes en la lengua patria. Insisto, hablo de enseñar a Platón, Marx o Descartes en castellano, no en euskera. Esto es lo que convierte una mala situación personal en algo delirante.

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Si no nos rebelamos, cada vez pasará mas de esto. Y lo mejor es que la rebeldía te le ponen a huevo. Se han empeñado en que, a falta de cambiarnos de lengua, de momento hacerlo con algunas palabras y expresiones clave, que funcionan a modo de pasaporte. O a modo de expresión de temor reverencial por el puto vernáculo. Todos esos “agures” y su p*** madre.

Pues perfecto. Nada como usar las expresiones de toda la vida, empleadas de siempre por los vascoparlantes mismos, pero ahora prohibidas. Por ejemplo, vascuence. Dices vascuence, y ponen cara de infarto de cerebro. Insistes, y claramente se cabrean. Que es el objetivo, y lo único que se puede hacer. Y por supuesto, a un “agur” contestar con un muy sonriente “sayonara”. Que además en japonés clásico tiene cierto matiz de “hasta nunca”. Se suben por las paredes.

Me parece de cajón. Si hay latiguillos obligados, puestos ahí para mostrar que pasas por el aro, nada como demostrar que *no* pasas por ese aro. Y puto vascuence, o lo que haga falta. Porque a esta sociedad de borreguitos temerosos no se le puede ir con razones, tipo Let them die. Hay que darles un “bulsiscón”, que diría mi abuela euscaldún. Y son de muy fácil espanto.

Lo primero es hacer los deberes.

Yo me hago la siguente composición. La falta de contestación es porque han conseguido acojonar a la gente. Por dos vías. La violencia social (el ser *señalado*, etc), y eso que llamo “temor reverencial”. *Nuestra* lengua, la lengua *propia*, la *cultura* que nos hace nosotros, hay que amar nuestra esencia, y todas esas majaderías.

Han conseguido que todo el mundo trague una estúpida “política” lingüística, sin el menor debate. Ni discusión de costes, objetivos, ventajas e inconvenientes.

La parte de la violencia social no la puedes evitar. Pero es la parte débil, paradójicamente. Dura mientras dure la violencia, y la gente se suele acabar cansando. Es la parte “moral” la que importa. Y como se basa en ese altar completamente injustificado en el que han puesto a una lengua marginal y básicamente ágrafa, la forma de combatir la jugada (el altar) es a base carcajadas, tomatazos, y “bulsiscones”. Que otros vayan perdiendo, al ver tu ejemplo, ese respeto acojonado por una “kultura” rústica y mínima, que no tiene base alguna.

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