Ya que últimamente hemos tenido la suerte de contar con amables visitas de totalitarios de lenguas marginales, me siento más motivado que lo normal con esta sección de “maldito vascuence”. Clic.

Vascuence por saco

Nota previa: La persona con cerebro de regular para arriba, entenderá que “maldito vascuence” no se refiere a una lengua concreta, sino a cierta actitud con las lenguas. Después de todo, una lengua no le puede putear a nadie.  Serán personas, usando una lengua como herramienta. Así que esta sección no va de vascuence. Sólo es una figura literaria, generalizando a partir de la monada local.

La inteligente idea a examinar es esa chifladura de que tenemos una riqueza especial (un patrimonio, dicen) en forma de “lengua propia”. Término particularmente esquivo a la definición, y que de toda la galaxia sólo tiene traducción en español, francés y catalán. Es indefinible (por absurdo) pero tiene significado. En román paladino: La lengua que debería ser principal en un sitio, pero no es.

¿Y cómo podría ser una riqueza algo así? Eso, en todo caso, sería una tarea. Si nos creemos la chorrada. Imagina: Pepito tiene un patrimonio de 100.000 euros. Juanito tiene un patrimonio de 100.000 euros, más una tarea. ¿Tiene más patrimonio Juanito que Pepito? No se le ocurrre ni al que asó la manteca.

Hay quien defiende que es mejor tener dos lenguas que una, para entenderse entre los mismos. Es decir, que Pepito y Juanito no se entiendan en pepitiense, o en juanitiense; sino en pepitiense *y* en  juanitiense. Y es que aquí somos bastante estrafalarios. Pero basta pensar en la proposición de que, ya puestos, podíamos usar cinco lenguas para entendernos, en lugar de sólo una o dos. ¿No cuadra, verdad? Porque es mentira; no son mejor más lenguas para entenderse entre los mismos.

No. Digan lo que digan, la idea que hay debajo es que hablar una lengua es mejor que hablar otra. Y para eso está la “lengua propia”; para ser mejor que la no propia. Lo que deberías de hablar, pero mayormente no hablas. Y para eso te dan por saco; para que cambies. La tarea.

¿Y por qué es mejor que hables la lengua que les ha dado por llamar “propia”? Porque es una cultura, un sentimiento, una manera de ver la vida, blablabla. ¡Oiga, pero si yo ya tengo mi cultura, mis sentimientos, y mi manera de ver la vida! ¿Por qué van a ser peores que los que me quieren endilgar?

– Pues porque no son “de aquí”.

Con los montes y las piedras hemos topado. ¡La geografía al poder! Pero es que da la casualidad de que “aquí”, y ahora, hablamos lo que hablamos. Y si no coincide con lo que usted piensa que deberíamos de hablar, yo diría que usted tiene un problema, pero que no es mi problema.

– No, no. Es que hablamos lo que hablamos por una injusticia histórica. Por una serie de circunstancias que no deberían de haber sido, pero fueron. Hay que corregirlo.

¿Y por qué hay que corregirlo? Esas circunstancias y sus resultados pueden producir todo tipo de opiniones y gustos, pero no pueden producir que hablar una lengua sea mejor que hablar otra. En cambio, la capacidad de comunicación (verbal e impresa) sí pueden hacer más conveniente una lengua que otra. Que da la casualidad de que nunca es la “lengua propia”. Lengua propia es a las lenguas lo que endémico es a la biología.

– Es que hablar vascuence nos permite “ser más vascos”.

¿Y qué motivo podría tener nadie para querer ser “más vasco” de lo que es? Poco, mucho, o nada. ¿A quién cojones le importa? Y quien dice “más vasco”, dice “más español”, o más lo que sea. Todo el mundo es de alguna parte, pero nadie es mejor por ser “más de alguna parte”. Salvo el imbécil que se lo cree. Y si en vez de en “parte”, sitio, pensamos en cultura, es peor. Porque todo el mundo es de alguna cultura, pero es mucho mejor ser de la cultura general que de la marginal. El rock & roll no es música étnica. Bach tampoco. Ni el chateaubriand es un plato local.

Si yo fuera un extraterreste que viene a depositar un huevo en la tierra, del que va a salir un hijo, buscaría el mejor lugar para que nazca. “Mejor lugar” es la suma de muchas circunstancias. Unas positivas, y otras negativas. Y está claro que entre las negativas figura la existencia en el lugar de una “lengua propia”. Porque es evidente que una tarea extra, así -por afición y por el morro-, es una putada. El consuelo es que como “lengua propia” sólo existe en francés, español y catalán, y probablemente en América no lo entienden, debe de haber mucho mundo libre de esa tara. A no ser que resulte que exportamos las chorradas, ya que no exportamos las cosas buenas.

En cambio, tener lo que toda la vida se ha llamado vernáculo, no es ninguna tara. Porque no era una tarea. Podría hasta tener su gracia.