Hay vascos que no tienen problemas de identidad. Yo diría que la mayoría. Nunca los mencionan. Saben quien son; saben a quién se parecen; saben a qué muy variables grupos humanos pueden asociarse, por sus filias y fobias y características de toda índole. Son -digamos- como el resto de la humanidad.

Otros vascos, en cambio, padecen unos problemas de identidad que les atromentan y no les dejan vivir con plenitud. En general están colgados de la idea de ser el pueblo, nación, etnia, o prodigio, más antiguo de Europa. Y tal vez del mundo. Con una lengua que bien pudiera sea la primera que habló la humanidad. Un entronque directo con el hombre mono, por así decir. De ahí vascopiteco, o vascopithecus tremebundus.

Ayer tuvimos la amable visita de uno de ellos, para explicarnos lo suyo:

Que bien, por fin me podré dirigir a la policía en vascuence, y no solo a mis hijos y mi mujer, las andereños, y a cuatro amigos (y con discreción a algún compañero de trabajo). Podré elegir entre mis dos idiomas maternos/paternos para dirigirme a las autoridades del país. No tendré la obligación de usar el romance por falta de interlocutor vascongado, lo podré usar cuando quiera, como cuando rellené la prestación de paternidad (SS del Reino de España). Por fin se van a acabar mis problemas de identidad, eso de no poder hablar en vasco a la policía vasca.

Ya sé que no va a ser inmediato, de hecho, que igual que no lo veo, pero bueno, quién no sueña con ser un suizo? No como un Belga: con un rey católico y dos comunidades que se hablan en inglés…

Oh vaya, que soy navarro. Para mi no cuenta, solo en la reserva transvelática. Que aquí todos somos iguales y libres. [–>]

Olvidemos que tiene cierto despiste sobre cómo funciona el mundo. Por ejemplo, ese sueño suizo que no existe. No todos los policías suizos hablan todos los idiomas oficiales de la Confederación Helvética. Ni siquiera a nivel cantonal los policías hablan mayoritariamente lo que un vascopiteco llamaría “lengua propia”. O no en todos los casos. Por ejemplo, romanche en Grisones (Graubünden). Que es el cantón más grande de Suiza.

Equivocado o no sobre el funcionamiento del mundo,  Aizkora K tiene un problema de identidad. O eso manifiesta. Será verdad, pero, ¿en qué consiste? Al parecer, se trata de que tiene dos lenguas maternas, pero no puede practicar ambas con todos los que le rodean. Ni de lejos.  Con una de ellas no llega más allá de la familia inmediata y cuatro amigos. Por falta de interlocutor.

Vamos a imaginar que “identidad” para el vascopiteco signifique lo mismo que para el reso de la galaxia. Tal vez es mucho imaginar, pero sería la única manera de entenderse.  Identidad es, referido a rebaños, aquello que te hace igual o muy parecido a unos, y te distingue de otros. Como en los obesos. En su máximo grado, el individual, es aquello que te distingue de todos los demás, como en carnet de identidad. Aizkora K habla obviamente de rebaños. Y de la lengua como factor de identidad. En su caso, dos lenguas maternas. Y tiene problemas de identidad si no puede dirigirse a todo el mundo en ambas, al gusto.

Es un problema muy claro; fácil de entender. También es un problema francamente idiota. Y se nota en que unos vascos son felices, sin problema de identidad, y otros no. ¿Y cómo lo consiguen los vascos felices? Habría que preguntarle a cada uno, pero se puede apostar a que o bien es porque no tienen la mala suerte de padecer dos lenguas maternas, o bien no practican la extravagante estrategia de pensar que pierden su identidad cuando no pueden usar las dos lenguas con todo el mundo.

¿Debemos de preocuparmos por la infelicidad de Aizkora K? ¿Es su problema nuestro problema? Según él, sí. Sostiene que todos debemos de aprender vascuence para solucionarle sus problemas de identidad. Lo que tiene una derivada delicada. Porque si la identidad depende de las lenguas, según su tesis, Aizkora K está proponiendo que los demás nos cambiemos de identidad para que él consiga su orgasmo identitario ideal.

Entendido el asunto, me da por pensar que el vascopiteco va a ser infeliz siempre. Porque  quiere que los vascos dejemos de ser vascos, y nos convirtamos en borreguitos dispuestos a cambiar por el capricho de los Aizkoras K. Pero, si somos vascos, no haremos eso en la puta vida. Por algo dicen en Chile: vasco, porfiado.

La otra es pensar que el vascopiteco no tiene un problema de identidad, sino de imbecilidad. Pretende tener el derecho a que los demás seamos como él. Sin caer en que (1) igual no nos gusta y (2) igual somos vascos, y no nos dejamos.

Vascuence por sacoAñadido posteriormente, para conversar con vascopitecos.

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