11 agosto 2014


Un nuevo estudio sobre el consenso del alarmismo climático. Supuestamente para afirmarlo. En mi opinión, consigue justamente lo contrario. Pero da unas cifras que se corresponden con lo que esperas si has seguido la discusión del “calentamiento global” con alguna atención durante estos años.

Se supone que lo han hecho preguntando directamente a los científicos del clima. Y los dividen según su grado de “experticidad”.

Por ir al grano rápido:

Los más expertos (estudian directamente el problema de la atribución del calentamiento a sus causas). 175 de 1868 (verde en el cuadro):

  • Con “el consenso”: 74%
  • Con “el disenso”: 26%

Contando todos los consultados (1868):

  • Con “el consenso”: 66%
  • Con “el disenso”: 34%

verheggen-2014-fig2

Es un asunto bastante bizantino e idiota, pero va así. La payasada de la que salió lo del 97% de consenso, definía “consenso” como apoyo a la afirmación principal y más conocida del IPCC: La mayor parte (más del 50%) del calentamiento observado desde 1950 se debe a nuestras emisiones de gases invernadero. De su trabajo no se desprendía ni de coña un 97% de apoyo a esa idea. Bueno, no se desprendía ni eso, ni ninguna otra cosa. Porque era una payasada de trabajo. Ver, por ejemplo.

Este de Verheggen et al parece de más fuste. A primera vista; no he examinado todavía de dónde sale su universo, ni el detalle de cómo lo han hecho. Pero al menos han debido preguntar directamente a científicos, en vez de poner a juzgar los “abstracts” de miles de trabajos a una pandilla de activistas climáticos. Y de sus cifras se desprende lo que a mi me parece un marcado no consenso, por muy fuerte mayoría que sea. Porque el resultado es:

Un tercio de los científicos del clima no apoyan el mensaje principal del IPCC . Un cuarto entre los especialistas de la “atribución”.

¿Eso es un “consenso”? En una rama de la ciencia en la que les insultan y acosan por disentir, y su trabajo peligra, este resultado me parece un disenso sencillamente heroico.

Lo que venden los autores del trabajo es que cuanta mayor “experticidad” entre los científicos del clima, mayor acuerdo con el IPCC. Después de todo son alarmistas. Aunque muy inteligentes no parecen, porque miden la “experticidad” basándose en el número de publicaciones y en la participación en el IPCC. Cuando todo el mundo sabe que estar “con el consenso” es un factor determinante para publicar mucho, y para trabajar con el IPCC.

Este otro cuadro da unas cifras que parecen diferentes. Por ejemplo, da 83% de consenso en vez de un 66%. Pero es una sutileza de las que suele gastar el IPCC. En vez de referirse a que las emisiones invernadero sean causa de más de la mitad del calentamiento, la pregunta es si son la “causa dominante”. Y se puede ser “causa dominante”, sin ser causa del 50%. Por ejemplo, si hay más de dos causas y se reparten -tipo- 50, 30 y 20 por ciento. Y hay muchas más de tres. O sea, la pregunta es intrascendente de cara a un “consenso” definido como se ha definido.

verheggen-2014.fig3

Hay otro cuadro que en realidad tiene más interés; es menos bizantino. Pero no cambia las cosas. La opinión de estos científicos sobre la “sensibilidad climática”. Al final, el efecto que puede causar el CO2 que emitimos. Un 37% responde que es una sensibilidad baja (apuntando a un no-problema). No lo ponen en el estudio, hay que sacarlo del gráfico. En esta respuesta participan 905, no los 1868.

verheggen-2014-fig8En mi opinión, en vez de exponer un consenso que no existe, lo que han hecho es medir el disenso. Y dependiendo dónde / cómo lo midan, resulta un 37%, un 34%,  o un 26% de disenso. Yo no hubiera esperado más, la verdad. Me parece un muy buen disenso, teniendo en cuenta lo que ladran jetas como Obama. Le corregimos el “tuit” famoso:

obama-twitter-consenso-corregido

Nota: hay que tener en cuenta algo muy importante, que la mayor parte de la gente tiende a olvidar. Ciencia no es la opinión de científicos, porque ciencia no es opinión. Por ejemplo, Wikipedia, sin ir más lejos. Pongo la versión en inglés porque la española es más posmoderna, como más zapatera.

Science (from Latin scientia, meaning “knowledge”) is a systematic enterprise that builds and organizes knowledge in the form of testable explanations and predictions about the universe

Fuentes.

La publicación.

En el blog de Verheggen:

Para la gente a la que le gusta medir las cosas, en vez de dejarse arrastrar por la palabrería y la imaginación barata, el Calentamiento Global Acojonante se está mostrando como uno de los grandes coñazos de la historia de la humanidad. Iba a decir de la ciencia, pero no parece muy serio decir eso. Vaya, que hablamos de un problema tan esquivo que no hay forma de tomarle la medida en ningún sitio.

– La temperatura global media de superficie sigue estancada, y el calentamiento no se puede distinguir estadísticamente de cero desde hace 17 años.

– El nivel del mar asciende, sí. Pero con la misma parsimonia que lo viene haciendo desde hacia 1.850. Cuando se acabó lo que llaman “Pequeña Edad de Hielo”, probablemente la temperatura de la tierra más baja de nuestra época geológica (Holoceno). Mucho mucho antes, por cierto, de que emitiéramos CO2 en cantidades dignas de mención.

– El hielo marino lleva como año y medio (un poco) por encima de la cifra media desde 1979. Desde que lo podemos medir con satélites.

¿Cuál es la gracia de un problema que no se ve, y no se mide? ¡Ah, pero nos queda el Ártico! Esa banquisa de hielo del polo norte que -dicen- se encuentra inmersa en una “espiral de muerte”. Es verdad que habían dicho que iba a desaparecer, durante el verano, para 2012; y no ocurrió ni de lejos. Pero siempre queda la esperanza de que puede desaparecer en cualquier momento. Por eso se trata de la medición del gran morbo; la gran esperanza blanca de cada verano.

Nota: Tampoco hay grandes motivos para pensar que sea un drama la desaparición -o casi- de ese hielo durante unas semanas todos los años. Sabemos que ocurría hace unos 6.000 años, probablemente durante unos cientos de años, y sabemos que eso no produjo descarrilamiento alguno. Pero, ¡joé!, con algo hay que seguirles el juego. ¿No? 😉

Por eso estamos ya preparados, con nuestra silla y nuestros prismáticos de observación. Atentos a la “espiral de muerte”. ¿Ocurrirá, no ocurrirá? ¿Qué camino lleva? ¿Quién va ganando la carrera? Y es a partir de esta fecha en la que se empiezan a notar cosas. Aunque todavía no se puede asegurar nada.

En mi opinión, el gráfico más claro de ver es este de la Universidad Illinois (Cryosphere Today). Clic para original y más grande. Se muestran todos los años desde que se mide con satélites (1979).

hielo-artico-10-agosto-2014

La pinta no es muy buena para la espiral de muerte, pero la esperanza es lo último que se pierde. Dicen. Que debe significar que antes pierdes la apuesta, el dinero, la vergüenza, y la credibilidad.

Si miramos el dato en la media del mes de agosto de cada año, usando para 2014 la media del primer tercio del mes que ya se ha cumplido, quedaría así.

la-carrera-del-hielo-10-ago-2014

Que a mi no me dice mucho, la verdad. Está disminuyendo con claridad, pero no hay forma de saber si los últimos años sugieren un punto de inflexión, o no.

Si hacemos lo mismo con la media de los septiembres (la mínima del año), el intríngulis es el mismo.

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Por eso digo que aquí hay morbo y apuesta. Si este año acaba parecido al año pasado, se podrá decir de todo. ¡Gran recuperación del hielo en el Ártico, que lleva ocho años sin descender! ¡Sigue la espiral del muerte del hielo del Ártico! ¡Salvemos el Ártico! ¡Nada nuevo bajo el sol! ¡El mundo se acaba! Y así.

Estad atentos, porque os lo contaremos.

Lo que intentaremos no contar es la película completa. O sea, lo que pasa si miramos los dos polos. Global. Porque en ese dato la espiral de muerte parece haber perdido hasta la esperanza.

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