Nos lo cuenta El Mundo:

Creo que lo decía Freud. No recuerdo la cita, pero la idea -obvia- es que no necesitas leyes para que la gente haga lo que quiere hacer, sino para que haga lo que no quiere hacer. O para que dejen de hacer lo que sí quieren hacer. En Vasquilandia concretamente, que la gente siga pasando a pedal del maldito vascuence.

La información de Iker Rioja Andueza tiene dos aspectos francamente llamativos. El primero es que el 98% de la poli regional, o no habla ni una palabra de vascuence (62%), o lo habla como los indios en los westerns (36%). Y el segundo es que van a tener que dirigirse al ganado en esa lengua que, o no hablan, o en absoluto dominan.

La jefa del plan es una Estefanía Beltrán de Heredia. Su ficha en el Parlamento Vasco no dice gran cosa, pero empieza por los idiomas que habla.

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No dice que sepa hablar castellano. Un extraterrestre entendería que no lo habla. Y que funciona básicamente en francés, por ser el único idioma que conste en la ficha en el que tiene algún nivel. Un terrícola con conocimiento de campo, y clara conciencia de lo que se puede y lo que no se puede decir, concluiría que el denostado castellano es la lengua del territorio de ese parlamento, y que por eso ni se menciona. Es la lengua que se da por supuesta.

La sorpresa es que Stefi nos dice que hay que “euscaldunizar” a la poli, porque debe de ofrecer “un servicio cercano”, que implica ser capaz de acercarse a los vascos en el idioma oficial de su elección. Y que para conseguir eso es imprescindible que todos los polis sean capaces de hablar en vascuence, sin que cante demasiado que son extranjeros en esa lengua. Es un argumento, y es un plan. Todo lo estrafalario que se quiera, pero tiene un esquema. Y el esquema produce una conclusiones. Por ejemplo, que el parlamento o el gobierno vascos, en los que participa Estefanía, no hace falta que ofrezcan “un servicio cercano”. Menos mal.

Luego pone un ejemplo que no parece muy suficiente.

los avisos de los antidisturbios antes de disolver una manifestación «se emitirán en euskera» o «en primer lugar en euskera y luego en castellano, por este orden» si no surten efecto.

Los avisos de disolución de los antidisturbios te los pueden dar en chino, mismamente. Se entienden de cojones en cualquier lengua. Lo que no ha explicado Beltrán de Heredia, y aparentemente ningún periodista ha preguntado, es si la misma estrategia se aplica en un caso en el que haya que salvar vidas mediante unas instrucciones claras. ¿Se emitirán las instrucciones primero en vascuence, y sólo se repetirán en cristiano en el caso en el que se haga evidente que la gente no ha entendido nada? No lo sabemos, pero parece ir implícito en lo que dice. Y tal vez convendría ir dejando claro desde ya quién es el responsable de la pérdida de vidas que puede producir una estrategia así. ¿Stefi, o el mando policial que tome la decisión en el momento? Hay cosas que es mejor discutirlas antes, y no en caliente — tras el drama.

Sea como sea, lo que es claro es que seguimos en el empeño de hacer del vascuence un idioma odioso. Que puede que funcione, no lo sé. Pero para imponer algo odioso, solo se puede conseguir aborregando primero a la población en unos niveles francamente preocupantes.

Vascuence por saco