Viene de Smithsonian magazine [1–>], Keith Kloor [2–>], y Judith Curry [3–>]. En una especie de curiosa escalera que va desde la ciencia como cuento chino (1), al cuento chino medio racionalizado (2), y a un escepticismo sano pero diplomático (3). Intentaremos quitarle la diplomacia.

antropobsceno

El antropoceno es, en primer lugar, un robo científico. A los geólogos.

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Ese como “calendario de la tierra”, no se lo han sacado de la gorra los geólogos. Lo ven en los estratos de las rocas. O sea, primero estaban los estratos, que, estudiados, se ve que marcan diferencias de condiciones en la superficie del planeta, y en su vida. Y de ahí definieron los distintos nombres del calendario.

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Ese tipo de sistema que antes se llamaba ciencia, en el que no tendría el menor sentido la pregunta que hacen en la revista del Smithsonian. ¿Qué es el Antropoceno, y estamos en él? Porque cuando la ciencia era ciencia, un ***ceno solo podía ser un estrato en las rocas. Y por definición, estás en el último estrato (el más reciente).

O sea, observación ⇒ hipótesis ⇒ predicción ⇒ comprobación. Donde el primer y el último paso ocurren en la realidad, y va de algo que se observa y se mide.

Ahora no es así, y el Smithsonian lo cuenta sin la menor alarma ni preocupación.

Este año, la palabra (antropoceno) ha ganado momento en los círculos científicos de élite: Aparece en casi 200 artículos “peer-reviewed”; el editor Elsevier ha lanzado una nueva revista académica titulada Anthropocene; y la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS) ha convocado a un grupo de académicos para que decidan, en 2016,  si se declara que el Holoceno ha acabado, y ha empezado el Antropoceno. [–>]

Obsérvese, con gran estupefacción, que ha desaparecido por completo cualquier idea de medir algo. De lo que se trata es de “decidir” y “declarar”. Ejercicio tan contrario a “medir y comparar” como se pueda imaginar.

¿Y qué diablos es el “Antropoceno”, si no es un estrato? ¡Ciencia posmoderna! Una mezcla de filosofía y de moralina, normalmente llamada ideología. El imperio de las ideas favoritas sobre la realidad. En este caso, la idea de que una extinción masiva de especies (cuyos cadáveres no pueden mostrar [–>]) se debería de notar en los estratos de las rocas. Aunque no se note.

Y después pasamos a la fase de rizar la payasada. Una discusión alucinógena entre los ecolos más ortodoxos, y algunos heterodoxos, sobre si el “Antropoceno” -que no existe- es necesariamente malo, o no tiene por qué ser pecado, obligatoriamente. Ideológicamente, vaya. Y no es broma:

También parece que van a “decidir” y “establecer” (a falta de observar) el momento exacto de inicio del estrato que no existe. Tienen varios momentos clave como candidatos. Para unos, con el comienzo de la agricultura, o “revolución neolítica”. Para otros, con el comienzo de la “revolución industrial”. Y finalmente, un tercer grupo prefiere elegir el lanzamiento de la primera bomba atómica. Se ve que todo depende del pecado original favorito de cada cual.

A mi me gustaría aportar un granito de arena. El nombre es mejorable. Sería más correcto el Antropobsceno. Viene de un ¿error? ortográfico en la entrada de Curry (anthroposcene). Pero es perfecto, porque señala una obscenidad. En la “escena” de los estratos no hay Antropoceno. Es, literalmente, fuera de escena. Obsceno. Y es real. No como estrato, o era geológica, sino como obscenidad. Pornociencia.

¿Y cuándo empieza ese Antropobsceno? Probablemente, desde que la ciencia se hace por proclamación, en lugar de por medición.

Fuentes: