Pongamos que aceptamos el argumento. Somos una pandilla de anormales, y conviene normalizarnos. Eso de “normal” suena muy bien, así que debe de ser algo bueno. También hay que normalizar algunas lenguas milagro. Pero como eso consiste en introducirlas -quieras que no- en el cerebro de los anormales, es lo mismo. Normalizar lenguas es normalizar personas. Y es estupendo.

Sin embargo, aparte de ser estupendo, también es un maldito incordio. Incordio por gasto, e incordio por molestia. Si aceptamos la idea de que decirle a la gente lo que tiene que hacer (y pensar y sentir) es una lata. Por ejemplo, todo el mundo entiende que el franquismo era un p*** coñazo. Meapilas que te querían convertir en la “reserva espiritual” de Occidente, nacionatas que te hacían representante de “la raza”; en fin, “normalizar” también. Pero la dictadura se acabó, sin que se acabara el coñazo. Seguimos siendo anormales, pendientes de normalización. ¿Dónde está el cambio? ¿Cuál es la gracia? ¿Cuándo podremos ser nosotros mismos; o lo que nos dé la gana – dentro de la “normalidad”?

– ¡Cuando seamos “normales”!

Pues muy bien; esa es la cuestión. ¿Cuándo se acaba el coñazo? Que lo digan. ¿No tenemos derecho a la esperanza? Por ejemplo, hay que normalizarnos lingüísticamente. De acuerdo. Tenemos un objetivo, y tenemos un plan. Y se supone que el plan es para conseguir el objetivo. ¿Sería mucho pedir que nos digan -de antemano- qué condiciones se tienen que dar para considerar que se ha cumplido el objetivo? Cosa de saber cuánto falta, y eso.

– ¿Papá, cuándo llegamos?

Hasta los niños lo preguntan, con toda naturalidad. ¿No se nos permite a los adultos anormales? Pongamos:

– Cuando todos los jóvenes sepan algo de vascuence (como pedir el Gara en el kiosco)

– Cuando todos los jóvenes sepan entender la (pequeña) parte de vascuence del Gara.

– Cuando todos los jóvenes sueñen en vascuence.

– Cuando el Gara venga entero en vascuence. (Hoy, por ejemplo, en la portada hay 3 artículos -de 17- en vascuence)

– Cuando todos los jóvenes hablen solo en vascuence durante la mayor parte del tiempo.

Son objetivos distintos. Los he puesto solo para los jóvenes, porque ni siquiera los nacionatas vascos están dispuestos a aprender vascuence. Se lo hacen aprender a sus hijos. Y a los de los demás. Pero es evidente que dependiendo del objetivo, estamos mucho más cerca o mucho más lejos de ser normales. Tan diferente como que alguno de los objetivos posibles ya se ha alcanzado, y podríamos relajarnos y dejar de dar la vara. Mientras que otros de los objetivos posibles son directamente inalcanzables – en un mundo medio normal.

En Cataluña, por mencionar otra sociedad anormal, están en una situación muy curiosa. Clic para original.

normalizacion-catalanes

No sé, tal vez podría calcularse que cualquier persona normal pensará, a la vista de esas cifras, que los catalanes ya son bastante normalitos para estas alturas. Que lo han conseguido, con gran mérito. ¡Enhorabuena! Podrían empezar a contemplar la posibilidad de dejar de dar por saco. Pero se ve que no; el por saco aumenta, en lugar de disminuir. Y la gran pregunta, estilo niño ingenuo, sería:

– ¡Papá, papá!, ¿qué cifras tienen que salir en esa encuesta para que seamos normales?

En el caso del vascopiteco parece que debemos de perder la esperanza de poder hacer un pregunta así. Yo creo que van de “normalización permanente”. Tipo Khmer Rouge. Por la pinta, digo. Pero, ¿los catalanes también, con todo su seny y eso?

En resumen:

¿Y cuándo se acaba la “normalización” esa? ¿Se puede preguntar, o estamos como con Franco?

Vascuence por saco

 

Fuente, Crónica Global:

No son optimistas, ni nada.