Antes le llamaban “calentamiento global”. Un nombre muy razonable, ya que se refieren a un sistema climático cuya cantidad total de calor aumenta. Ahora le llaman “cambio climático”. Una estupidez que vale lo mismo para un roto que para un descosido. Pero cambio climático no produce tanto miedo como calentamiento global. Lo acaban de descubrir los genios de la calentología.

Encontramos que el término “calentamiento global” supone un mayor entendimiento del público, un mayor compromiso emocional y disposición a la acción personal y nacional que el término “cambio climático”. [Americans care deeply about ‘global warming’ – but not ‘climate change’ –>]

En realidad ya lo sospechaban. Sospechaban que la gente normal tendería a pensar que el clima cambia siempre, y por tanto “cambio climático” no dice nada. Sería como “agua húmeda”. Pero algo tenían que hacer, porque suena raro hablar de calentamiento global, sin poder enseñar ese calentamiento en los termómetros. Hace 17 años que no se ve calentamiento en los termómetros. Y el calentamiento que sí ha habido, por ejemplo midiendo desde 1975, es demasiado pequeño como para meter miendo. ¿Entonces?

Entonces metemos miedo con los “extremos climáticos”. ¡Que viene el coco! El “calentamiento global”, aunque de momento sea un tanto sifilítico y no se note, va a provocar más extremos climáticos. Temperaturas máximas récord, vientos máximos; todas esas cosas que te pueden hacer daño.

Bien, es una teoría. Podría ser. O podría no ser. La cuestión es mirar lo que pasa — salvo que seas un ideólogo. Y unos científicos del NCAR han estado mirando justamente esa relación entre calentamiento y extremos climáticos. Y lo que ven es que los extremos tienen un límite que no pasan. Por ejemplo, un calentamiento en Australia en los últimos 30 años, ¿produce un aumento de las temperaturas máximas, o solo produce más días calientes — sin que los días calientes alcancen mayor temperatura? Y resulta algo bastante típico de la naturaleza. Tiene límites. Al parecer, y en los desiertos de Australia, 46ºC. Como en Sevilla, más o menos.

También han visto lo mismo en los huracanes. En décadas más calientes ha habido un ligero aumento de los de categoría 4, a expensas de las categorías inferiores, sin un aumento en la categoría 5 (la máxima). Incluso piensan que la mayor parte del cambio posible ya ha ocurrido.

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Lo que no tiene pinta de tener límite es la estupidez humana. Se le achaca a Einstein el descubrimiento de su capacidad de infinito. El único infinito de la naturaleza. Aunque afortunadamente no es universal. No todo humano es infinitamente imbécil. Ni siquiera todos los gobiernos lo son. A veces aparecen gobiernos sensatos. Por ejemplo, con esto de los extremos climáticos, el calentamiento global, el cambio climático, resulta que Australia y Canadá son otra cosa.

Abbot, primer ministro de Australia, está de viaje en América. Va a verse con el canadiense Harper, y luego con Obama. Y la prensa está destacando la diferencia entre la histeria obamita y los sensatos:

Harper said that no country is going to undertake actions on climate change — “no matter what they say” — that will “deliberately destroy jobs and growth in their country.

“We are just a little more frank about that.”

Abbott said climate change is a “significant problem” but he said it is not the “most important problem the world faces.

“We should do what we reasonably can to limit emissions and avoid climate change, man-made climate change,” said Abbott.

“But we shouldn’t clobber the economy. That’s why I’ve always been against a carbon tax or emissions trading scheme — because it harms our economy without necessarily helping the environment.”

Es una forma muy diplomática de explicar que aunque los “extremos climáticos” tienen límites, la estupidez de Obama (y otros), no.

Fuentes: